En Romanos 3.19-20, el Apóstol Pablo nos da una descripción de la función de la Ley — la Ley moral de Dios que se expresa en los Diez Mandamientos (ver: Rom 2.14-29 y 7.7, 22).

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que [1] toda boca se cierre y [2] todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque [3] por medio de la ley es el conocimiento del pecado. [Rom 3.19-20]

  1. La Ley cierra la boca del incrédulo orgulloso, soberio y altivo porque le infunde su corazón del temor de Dios y del justo juicio que él sabe que está por venir (Exod 20.18-20).
  2. La Ley muestra a todo el mundo su culpabilidad delante de Dios, y esto incluye tanto a los gentiles (Rom 2.14-16) como a los judíos (Exod 20.1-17; Rom 2.17-29).
  3. La Ley le da al pecador un conocimiento personal de sus pecados personales que han ofendido al Dios personal (su Creador; 1Jn 3.4; Rom 7.7-9).

La conclusión: Es esencial que usamos la Ley de Dios en la obra de evangelismo.

Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.  [1Tim 1.8-11]

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. [Gal 3.24]

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