¿Qué es la Palabra de Dios? La Biblia es la Escritura y por lo tanto es la Palabra de Dios. Esto es importante porque si no creemos la Palabra de Dios, no creemos a Dios; o si desobedecemos a la Palabra de Dios, estamos desobedeciendo a Dios. En otras palabras, la Palabra de Dios es nuestra autoridad final porque es la manera de la cual Dios nos habla y nos dice lo que quiere.

Si no tenemos la autoridad final de la Palabra de Dios (la autoridad de “Así ha dicho Jehová…”), nosotros mismos llegamos a ser la autoridad final de nuestras vidas. Cada cual decide qué quiere creer y a qué quiere obedecer. Esto se llama “idolatría”; es una violación de los primeros dos de los Diez Mandamientos y es el deseo más profundo de nuestro enemigo, Satanás. ¡Él quería (y todavía quiere) ser como Dios!

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. [Isa 14.12-14]

No querer aceptar la Palabra de Dios como la autoridad final es la misma mentira que el diablo “vendió” a Eva cuando le dijo que ella podría ser como Dios (semejante al Altísimo).

Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. [Gen 3.5]

Necesitamos la Palabra de Dios porque es nuestra autoridad final. Sin ella, somos “presa fácil” para los enemigos de Dios (especialmente el diablo y nuestra carne).

Muy a menudo usamos esta frase (“la Palabra de Dios”) sin saber exactamente a lo que nos referimos. En el sentido más general del término, “la Palabra de Dios” quiere decir “lo que Dios dice” o “el mensaje de Dios”. Pero, ¿qué es en realidad la Palabra de Dios? Propongo cinco cosas para su consideración:

  1. La Palabra de Dios es el discurso (el hablar) de Dios.
  2. Cuando no había hombre para oírle, Dios habló y así estableció el mundo que conocemos.
  3. Dios también ha hablado con ciertas personas en otro tiempo por medio de visiones y sueños.
  4. Además, Dios ha hablado a los hombres usando la boca de los hombre — de Sus profetas.
  5. Pero al fin y al cabo la Palabra de Dios llegó a su forma escrita: La Biblia.

1. La Palabra de Dios es el discurso (el hablar) de Dios.

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. [Heb 1.1-2]

Dios, “habiendo hablado”, produjo la “Palabra de Dios”; es lo que Él ha dicho—es Su discurso. (v1) Él ha hablado muchas veces y de muchas diferentes maneras. (v2) Últimamente Dios habló por medio de Su Hijo, Jesucristo. ¿Cuáles eran estas “diferentes maneras” y cómo debemos entender lo que Dios no ha dicho por medio de Su Hijo?

2. Cuando no había hombre para oírle, Dios habló y así estableció el mundo que conocemos.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. [Gen 1.3]

Esta es una de las “maneras” de las cuales Dios ha hablado en los tiempos pasados. Vemos aquí que la Palabra de Dios no sólo sirve para comunicar (Dios con Sus criaturas) sino también para crear. Con Su Palabra Dios lo creó todo; la Palabra de Dios (Su discurso, Su hablar) crea, genera y aun regenera lo que está muerto.

3. Dios también ha hablado con ciertas personas en otro tiempo por medio de visiones y sueños.

La Palabra de Dios ha llegado a ciertas personas en visiones y sueños, cuando Dios aparecía a ellos mientras que dormían o que estaban “inconscientes” (como cuando le sobrevino a Pedro un “éxtasis” y vio la visión del gran lienzo; Hech 10.10-16).

Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. [Num 12.6]

Durante los días de Job (quien era contemporáneo de Abraham) parece que este tipo de comunicación entre Dios y los hombres era bastante común.

El asunto también me era a mí oculto; Mas mi oído ha percibido algo de ello. En imaginaciones de visiones nocturnas, Cuando el sueño cae sobre los hombres, Me sobrevino un espanto y un temblor, Que estremeció todos mis huesos; Y al pasar un espíritu por delante de mí, Hizo que se erizara el pelo de mi cuerpo. Paróse delante de mis ojos un fantasma, Cuyo rostro yo no conocí, Y quedo, oí que decía: ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo? [Job 4.12-17]

4. Además, Dios ha hablado a los hombres usando la boca de los hombres—de Sus profetas.

Este es el caso del profeta que Dios envía con un mensaje a predicar, anunciar o enseñar a una persona o a varias a la vez. Los ejemplos en la Biblia de este tipo de revelación son abundantes, entonces basta con el famoso pasaje del llamamiento de Jeremías.

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. [Jer 1.4-9]

Dios hacía llegar Su Palabra a la gente por medio de bocas humanas y en forma verbal (hablada).

5. Pero al fin y al cabo la Palabra de Dios llegó a su forma escrita: La Biblia.

Dios usó a los “santos hombres” para registrar Su Palabra en “papel (pergamino, papiro, etc.) con tinta”.

Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. [2Ped 1.19-20]

Cuando Dios terminó de escribir la Palabra de Dios, no ha dado más revelación desde entonces. Vemos esta verdad en Hebreos 1.1-2.

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. [Heb 1.1-2]

Hebreos 1.1 dice que en “otro tiempo”—antes del primer siglo cuando se escribió Hebreos (o sea, durante días del Antiguo Testamento)—Dios hablaba de diferentes maneras, como acabamos de ver. En Hebreos 1.2 vemos que en “estos postreros días” (los días del primer siglo; “estos” días del autor de Hebreos poco después de la primera venida de Cristo) Dios habló por Su Hijo, Jesucristo.

Al decir esto, nos da a entender que lo que dijo por medio de Jesucristo es la culminación del hablar de Dios a nosotros. Debemos llegar a esta conclusión porque la revelación por Jesucristo es la más grande y más sublime de toda revelación divina, por lo tanto es la revelación final. O sea, puesto que la revelación por el Hijo es la más grande que Dios tiene para dar a los hombres, no habrá más (Dios no agregará más después de la revelación por Su Hijo porque ya dio lo más grande).

Esta revelación por el Hijo de Dios nos vino primero por medio de la Persona de Jesús y también por Sus obras en la tierra. Vemos esta revelación en los cuatro Evangelios y en la primera parte del primer capítulo de Hechos. Luego, Jesucristo terminó esta revelación de la Palabra de Dios por medio de Su Espíritu.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. [Juan 16.12-15]

Vemos esta revelación en los demás escritos del Nuevo Testamento. (Heb 1.2) En los “postreros días” de la primera venida de Cristo (los días del primero siglo cuando se escribió Hebreos), Dios habló por Su Hijo y cuando terminó de hablar por Él, terminó de darnos Su Palabra. Ya nos dio lo más grande e importante, entonces no hay más para darnos. Por lo tanto, nadie debe añadir más a la Palabra que Dios ya dio a los hombres porque Él dijo claramente que no daría más.

Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. [Apoc 22.18-19]

Obviamente la advertencia de Apocalipsis 22.18-19 se refiere al mismo Libro de Apocalipsis. Pero puesto que viene en el último capítulo del último libro escrito por el último Apóstol (Juan, que sobrevivió a todos los demás), es totalmente apropiado aplicar este pasaje a la totalidad de la Escritura. Con esta advertencia Dios cierra tanto el Libro de Apocalipsis como el Libro de la Biblia. En Juan 16.12-15 Jesucristo prometió dar más revelación de Su Palabra a Sus Apóstoles (“vosotros” en le contexto se refiere a los 12 Apóstoles). Hebreos 1.2 confirma esta revelación de la Palabra por el Hijo y el último escrito de un Apóstol que recibió la Palabra del Señor Jesucristo fue Apocalipsis.

No debemos esperar más Escritura. Según Judas 3, la “fe” (el conjunto de “las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor”; Jud 17) fue una vez dada a los santos.

Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. [Jud 3]

Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. [Jud 17]

No hay “libros perdidos” que deben formar parte de la Escritura. Tampoco hay “nuevas revelaciones” que son de igual autoridad con la Biblia. Lo que Dios nos dio en la Escritura (que termina con los escritos de los Apóstoles de nuestro Señor), es todo lo que necesitamos. No debemos esperar más revelación de Dios porque tenemos toda la Palabra que Dios quiere que tengamos en la Biblia—en el Libro que consta de 66 libros que se llama la “Escritura”.

Nuestra conclusión.

Al llegar a esta conclusión, ya necesitamos definir bien lo que Dios quiere decir con la palabra “Escritura” porque (según lo que acabamos de ver) Él nos dio Su Palabra en la “Escritura”. Si podemos encontrar la Escritura, encontramos también la Palabra de Dios. Y cuando tenemos la Palabra de Dios (la Escritura), ya tenemos la fuente de la verdad acerca de Dios y Sus obra, la fuente que también es nuestra autoridad final (porque es Dios hablando a nosotros: Su Palabra).

Así que, en el próximo estudio procuraremos contestar otra pregunta clave: ¿Qué es la Escritura?.