El día de ayer, nuestros amigos Álex y Salem (en la foto, con el bulto azul y negro) estuvieron testificando y repartiendo tratados en las filas del concierto de Jesús Adrián Romero.

Llevaron los tratados ¿Qué tal si estoy fingiendo? y estuvieron hablando con la gente, predicando el evangelio e instando examinarse para ver si realmente están en la fe (2Cor. 3.15).

Alguno podría decir: “¿Para qué ir a predicar en un concierto cristiano? ¿No son cristianos todos los que están ahí?”. La respuesta es sencilla luego de conversar por un rato con las personas.

Mucha de esta gente:

  • No conocen los rudimentos más básicos de las Escrituras.
  • Muestra un total desinterés por la obra evangelística.
  • Andan en pecado y no tienen la intensión de dejarlo.
  • No saben a dónde irían si murieran hoy.
  • Simplemente están ahí por la música…

Si no parecen cristianos, ¡entonces hay que predicarles!

Es nuestro deber aprovechar este tipo de actividades y predicar el evangelio de una manera bíblica y completa, sin omitir nada, usando la Ley para mostrar al pecador su culpabilidad delante del Creador (1Tim. 1.8-11) y luego que se arrepienta poder presentarle a Cristo (Gal. 3.24).

Gracias damos a Dios por estos hermanos que nos contagian con su denuedo. Estamos llamados a no dar nada por sentado, sino salir a compartir el mensaje de salvación con todos, los que se creen cristianos y los que no, porque sólo Dios conoce los corazones y sólo Él sabrá quienes entre las multitudes que andan en nuestras ciudades y barrios son realmente salvos y quienes no.

Instamos a todos los que están viviendo en este “cristianismo superficial” a que se examinen, para ver si realmente se han arrepentido de sus pecados para buscar al Señor Jesucristo y pedirle perdón, o si nada más están fingiendo ser algo que no son.

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