Miqueas de Moreset profetizo sobre Samaria y Jerusalén en días de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá (Miq. 1.1). Esto sería aproximadamente del 750 al 700 a.C., es decir, que nos estamos devolviendo en el contexto de la lectura congregacional, nuevamente el tiempo de 2Reyes, cuando las 10 tribus del norte (Israel, también llamado a veces Efraín) estaban a punto de caer por la invasión de los Asirios.

Miqueas es contemporáneo de Oseas (quien predicó en Israel) y de Isaías (quien predicó en Jerusalén), pero Miqueas estaba entre la gente de clase común en Judá. Él señaló los pecados del pueblo en general (Miq. 1.5; 6.3, 9), pero puso especial énfasis al pecado del liderazgo de la nación (reyes, profetas, sacerdotes, jefes, etc).

Este liderazgo, que debían ser los servidores y guías del pueblo, eran corruptos y torcidos en su forma de gobernar. Usaban sus cargos para beneficio propio y robaban a la gente pequeña. El capítulo 3 del libro contiene una fuerte amonestación para estos líderes abusivos. Veremos lo que Dios tiene que decir respecto a quienes usan el poder que se les ha otorgado para aprovecharse de los más débiles, y veremos qué tiene esto que ver con nosotros de la iglesia, que somos llamados a ser líderes y siervos en cada área de nuestra vida.

El capítulo se divide fácilmente por sus párrafos:

  • Del v1 al 4 se nos habla sobre los líderes políticos.
  • Luego del v5 al 8 sobre líderes religiosos, en este caso particular, los profetas.
  • Finalmente, entre el v9 y el 12 tenemos una amonestación al liderazgo en general.

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