“Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Romanos 7.9). Así es con los que se justifican por sus obras y con los incrédulos orgullosos. Puesto que no conocen la Ley de Dios, la cual se dirige contra ellos, es imposible que conozcan su pecado. Por lo tanto tampoco reciben instrucción. Si ellos conocieran la Ley, entonces también conocerían su pecado; y el pecado que ahora está muerto en ellos, reviviría.

~ Martín Lutero