Hoy estaba preparando un estudio bíblico sobre el Libro de 1Corintios (que, de hecho, estará aquí en el sitio web pronto) y me acordé de algo que leí hace años en un libro que daba ciertos detalles históricos del trasfondo de la iglesia local de la ciudad de Corinto. Aquí se los comparto.

Mientras que esté leyendo esto, recuerde que la Biblia dice que la llenura del Espíritu Santo (Su control sobre nuestros cuerpos, mentes, vidas, etc.) resulta en el “dominio propio”. O sea, el que está lleno del Espíritu Santo se controla a sí mismo—no se le pierde el control.

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. [2Tim 1.7]

Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas. [1Cor 14.32]

Aquí está lo que me llamó la atención:

El trasfondo de los creyentes corintios obraba contra ellos en cada recodo. Una de las mayores amenazas era la influencia continua de las religiones de misterios paganos que ellos habían practicado anteriormente… Pero tal vez nada era más característico de las religiones de misterio que lo que ellos llamaban éxtasis. Los creyentes en las religiones de misterio procuraban cultivar una comunión mágica y sensual con lo divino. Ellos hacían casi cualquier cosa por entrar en un trance semiinconsciente, alucinatorio, hipnótico u orgiástico, en el cual creían que estaban sensualmente en contacto con la deidad. Algunos usaban vino para ayudarse en la experiencia eufórica, como Pablo implicaba en Efesios 5.18. Ya fuera por embriagamiento literal o por alborozo emocional, cuando los adoradores caían en un estado de euforia, era como si hubieran sido drogados. Ellos asumían que estaban en unión con Dios.

Según S. Agnus, un tiempo profesor de Nuevo Testamento y de teología histórica en el Colegio de San Andrés en Sidney, el éxtasis experimentado por los adoradores de las religiones de misterio los llevaba a “una condición mística inefable, en la que las funciones normales de la personalidad quedaban en estado latente y las fuerzas morales que forman el carácter cesaban virtualmente o se relajaban, mientras que se acentuaban las emocionales e intuitivas”. En otras palabras, el adorador entraba en un estado en el que su mente se ponía en neutral y sus emociones tomaban el control. El intelecto y la conciencia daban lugar a la pasión, al sentimiento y a la emoción. Esto era éxtasis, una condición embriagante de euforia.

Angus además informa: “El éxtasis podría haber sido inducido por la vigilia y el ayuno, por la tensa expectación religiosa, por las danzas arrebatadas, por el estímulo físico, por la contemplación de objetos sagrados, por el efecto de la música estimulante, por la inhalación de gases, por la contagiosidad de avivamiento (tal como sucedió en la iglesia de Corinto), por la alucinación, por sugestión, y por todos los otros medios que pertenecen al aparato de los misterios… Un antiguo escritor habla de hombres ‘saliendo de sí mismos para estar completamente establecidos en el divino y para ser arrebatados’.”

El éxtasis, entonces, creaba una extraordinaria sensación de animación. En ese estado una persona supuestamente tenía capacidad para ver y entender cosas que sólo los ojos del espíritu podían mirar.

Testimonios de creyentes pentecostales y carismáticos describen exactamente las mismas clases de experiencias. Los carismáticos que experimentan varios estados de euforia atribuyen su experiencia a ciertos dones del Espíritu Santo, particularmente a las lenguas. El testimonio común es: “Se siente uno muy bien. ¡Nunca me había sentido así antes! Debe ser de Dios”. Pero, ¿una buena sensación significa que la experiencia es de Dios? No necesariamente…

Esto es del libro Los carismáticos: Una perspectiva doctrinal por John MacArthur. Si usted quiere un estudio sobre las lenguas, puede bajar (sin costo) algo bastante detallado desde nuestra página de estudios sobre el movimiento Pentecostal (haga click aquí). Además, ofrecemos el libro de Señales, prodigios y milagros en la Iglesia de hoy gratuitamente en esta página.