[Este es un artículo escrito por Dr. Peter Hammond, Director de Frontline Fellowship (www.frontline.org.za). El original se puede leer en inglés en el sitio de Frontline Fellowship. Nota del traductor: El Dr. Hammond es un pastor en Sudáfrica, entonces él usa muchos ejemplos de donde vive. Sin embargo, puesto que la pobreza que se ve a gran escala en el África se ve también en Latinoamérica, mucho de lo que dice—si no todo—se aplica a la situación en los países latinos.]

De las colonias de residentes intrusos, a los barrios de pobreza extrema y los campamentos de refugiados, los cristianos estamos luchando para responder al sufrimiento con amor práctico.

Durante el siglo pasado la diferencia de productividad e ingresos por persona en el mundo occidente comparado con (según se dice) el “mundo subdesarrollado” o el “tercer mundo”, era 2 a 1. Ahora es 70 a 1. Esta disparidad creciente, en conjunto con el impacto de los desastres, tanto los naturales como los que el hombre hace, ha resultado en más refugiados e “ilegales” en las naciones occidentales. También ha resultado en más crimen y más posibilidades de conflictos.

Una de las respuestas principales de las naciones industriales ha sido la de donar cantidades generosas de ayuda extrajera a las naciones más pobres. No obstante, muchos han echado la culpa a esta ayuda extranjera por negar a las naciones pobres la oportunidad de desarrollar sus propias economías para que sean, por lo menos, viables. Mucho de la ayuda de este estilo no promueve la auto-suficiencia y el crecimiento. El hecho de tirarles un montón de comida que sobra ha resultado en el daño de la agricultura local a largo plazo. Es difícil para un agricultor vender lo que se está regalando.

Mientras que debemos, por supuesto, amar a nuestro prójimo, especialmente al pobre que lo merece, tenemos que ser sabios y actuar con un poco de discernimiento para que nuestras ayudas promuevan la responsabilidad y la rehabilitación.

EL ABUSO DE AYUDA DE SOCORRO

Desde 1954 los Estados Unidos ha enviado millones de toneladas de comida a la India—al gobierno de la India, no a las empresas privadas ni a otras agencias. ¡Las ratas han consumido más de la mitad de esta comida en los muelles y bodegas! Debido a la creencia hindú de la reencarnación, no pueden matar las ratas ni las vacas sagradas. Se requeriría un tren de 3.000 millas de largo (casi 5.000 km) para transportar la comida que las ratas de la India comen en sólo un año. Además, las vacas sagradas de la India comen suficiente comida para darle de comer a la gran mayoría de todas las personas en Asia. Y los templos hindúes contienen una fortuna inmensa de oro, rubís, zafiros y otras piedras preciosas en las estatuas—a las cuales los hindúes adoran como ídolos.

En realidad la pobreza y el hambre en la India se deben a las creencias en la reencarnación, las vacas sagradas, las ratas protegidas, los ídolos hechos de oro y piedras preciosas, los recursos mal gastados y la superstición.

En Etiopía durante los 1980 vemos un ejemplo clásico de hambre causada por el hombre. El socialismo, las confiscaciones y nacionalizaciones, la abolición de incentivos, el castigo de productividad y la fomentación de irresponsabilidad causaron el hambre en lo que antes se llamaba el “cesto del pan del África”. Las ejecuciones por el “Terror Rojo” (los marxistas), el traslado a la fuerza de millones de personas y la destrucción de las cosechas por el gobierno empeoraban el hambre.

La corrupción y el abuso de la ayuda extranjera en Etiopía formaron el último escándalo: ¡Impusieron un impuesto de 100% a todas las ayudas que fueron donadas! Exigieron donaciones de camiones nuevos de Mercedes-Benz para transportar la comida que se donó, e impusieron el mismo impuesto de 100% a dichos vehículos. Todos los camiones quedaron propiedad del gobierno marxista de Etiopía. (¡Todo esto estaba sucediendo mientras que se gastaron $70.000.000US en las celebraciones del “aniversario de la revolución” en 1984—la mitad de los cuales se gastó en alcohol!) De hecho, mucho de estas ayudas de comida se usó para alimentar a los militares de Cuba, la Unión Soviética y Alemania Oriental que estaban causando el hambre. ¡Una parte de la comida se exportó en pago por armas!

En los 1980 Mozambique era otro ejemplo del hambre causada por el hombre en un país que antes exportaba la comida. Después de la revolución marxista de 1975 se impuso al pueblo una economía socialista. Las fincas se confiscaron. Las fábricas se nacionalizaron. Centenares de miles de personas fueron encarceladas en campamentos de concentración. Acusaron a más de 750.000 personas de ser “mercaderes negros”, “revolucionarios” y “contra-revolucionarios”, y las ejecutaron en público. Exportaban comida a la Unión Soviética en cambio por armas. Lanzaron una política de “tierra quemada” con la intención de matar por hambre a la resistencia al gobierno de Frelimo—quemaron sus cosechas y también sus pueblos. El desperdicio y la corrupción de la burocracia llegaron a ser una “industria en crecimiento”. Todo esto resultó en la pobreza económica y el caos social.

No obstante, en Mozambique no era solamente el marxismo que causó el hambre sino también el animismo. La práctica común y popular de rendir culto a los antepasados llevó a muchas familias pobres a sacrificar su última cabra o gallina para aplacar a los “espíritus ancestrales”.

En Albania y Rumanía me he encontrado con gitanos que deliberadamente mantenían a sus bebés con hambre para ponerlos en las aceras de las calles a la par de un sombrero para recibir monedas mendigando. Cualquier dinero que recibían se usó para cigarrillos y alcohol. En la India hay algunos indigentes que han llegado a lisiar o mutilar a sus propios hijos para que inspiraran más piedad a la gente—porque un niño lisiado es más efectivo en mendigar.

En Sudáfrica yo he pasado varios meses evangelizando en las calles de Hillbrow y Durban, y he visto a mendigos profesionales desempeñando su labor. He visto “lisiados” bajar sus piernas que han tenido dobladas arriba y atadas, estirarlas y caminar sin la ayuda de sus muletas. Yo he visto a los “ciegos” levantar sus anteojos oscuros para contar las monedas que recolectaron en sus sobreros. Algunos niños de las calles me han dicho que pueden ganar un promedio de R200 (randes: la moneda de Sudáfrica) cada día mendigando (200 randes igualan de 25 a 50 dólares US, dependiendo de la fecha de escribir de este artículo). En demasiados casos nuestra costumbre de simple y espontáneamente dar unas monedas a un desconocido mendigando en la calle sólo sirve para sufragar las borracheras, el fumar, la drogadicción, la prostitución y los casinos (juegos de azar, apuestas, etc.). Algunos de los mendigos son niñas prostitutas y ladrones que usan el mendigar para disimular su búsqueda de oportunidades.

Además tenemos que tomar en cuenta los estafadores “religiosos” que conocen bien la jerga y que pueden engañar y manipular a los ingenuos para que les entreguen grandes cantidades de efectivo para sus causas espurias. Yo también he sido uno de estos ingenuos que los “convertidos profesionales” han engañado. El hombre me dejó “guiarlo a Cristo” y luego me pidió un dinero “prestado”—dinero que nunca volví a ver.

Los cristianos malgastan varios millones de randes todos los años porque, viendo la pobreza, se sienten culpables y por esto se dejan ser manipulados por los mendigos en los semáforos, los que llegan a tocar sus puertas y los que les piden una moneda en las calles. Y mientras que todo esto sucede, hay buenos ministerios como el Ejército de la Salvación, la Misión en los Muelles, la Misión de Cape Town, Amor en Acción y otros parecidos que están luchando para sobrevivir debido a la falta de recursos.

Hay una necesidad desesperada por la buena mayordomía de nuestros recursos limitados. Sería mucho más responsable canalizar nuestra compasión por medio de ministerios cristianos que han probado su efectividad en alcanzar a los pobres con el amor de Dios. La caridad bíblica no paga por el pecado, ni tampoco debe recompensar la irresponsabilidad.

Entonces, antes de llegar a las estrategias prácticas de cómo cuidar a los pobres y acabar con la pobreza, definamos la pobreza y pensemos en lo que causa la misma.

¿QUÉ CAUSA LA POBREZA?

Una definición de la pobreza podría ser: “Una falta de las necesidades materiales de la vida”.

El pobre se podría describir así: “Una persona que no tiene lo necesario para sostener su vida, ni tampoco es capaz de obtenerlo. Si va a sobrevivir, tiene que depender de los recursos de otras personas”.

Bíblicamente podríamos describir al pobre así: “El que no puede sostenerse a sí mismo porque es un anciano, un niño o un discapacitado”.

Hay cuatro categorías generales de pobreza:

  1. La pobreza causada por uno mismo
  2. La pobreza causada por otros (un gobierno o una religión)
  3. La pobreza debido a explotación
  4. La pobreza debido a calamidades

La pobreza causada por uno mismo

Los perezosos y los indolentes (los ociosos y negligentes) inevitablemente sufren las consecuencias de su pecado:

También el que es negligente en su trabajo es hermano del hombre disipador. [Prov 18.9]

Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, Y cruzar por un poco las manos para reposo; Así vendrá tu necesidad como caminante, Y tu pobreza como hombre armado. [Prov 6.9-11]

Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa. [Ecl 10.18]

Es una vergüenza ser perezoso.

El que recoge en el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza. [Prov 10.5]

La gente perezosa siempre encuentran una excusa para no trabajar.

El camino del perezoso es como seto de espinos; Mas la vereda de los rectos, como una calzada. [Prov 15.19]

Dice el perezoso: El león está en el camino; El león está en las calles. Como la puerta gira sobre sus quicios, Así el perezoso se vuelve en su cama. Mete el perezoso su mano en el plato; Se cansa de llevarla a su boca. En su propia opinión el perezoso es más sabio Que siete que sepan aconsejar. [Prov 26.13-16]

Los que aman el sueño llegarán a ser pobres.

La pereza hace caer en profundo sueño, Y el alma negligente padecerá hambre. [Prov 19.15]

No ames el sueño, para que no te empobrezcas; Abre tus ojos, y te saciarás de pan. [Prov 20.13]

Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. [2Tes 3.10]

La pobreza moral muy a menudo condena a la gente a la perpetua pobreza material. O sea, el egoísmo, el egocentrismo, la avaricia, la pereza, la inmoralidad, la falta de hacer planes para el futuro, los juegos de azar, el abuso de alcohol, la pornografía, la prostitución, el abuso de drogas y otros pecados parecidos son síntomas de la rebelión contra la Ley de Dios. Tales maldades (la pobreza “moral”) inevitablemente resultan en la pobreza “material” y económica.

Las “víctimas” de este tipo de pobreza necesitan el evangelio y el discipulado bíblico para librarlos de su estilo pecaminoso de vida.

La pobreza causada por otros (un gobierno o una religión)

Las causas principales por este tipo de pobreza son la opresión y el error religioso. La opresión consiste en los gobiernos o los individuos violando los derechos que Dios ha dado a todos los seres humanos: Derechos de vida, de propiedad y de libertad. Esta opresión se manifiesta en el fraude, el robo y la violencia. Ejemplos de esta opresión por los gobiernos son: La inflación (el gobierno imprimiendo más “dinero” para pagar sus deudas), la moneda que no se basa en oro u otra cosa de valor constante, la falsificación de dinero, el socialismo, los impuestos excesivos, la corrupción, el desperdicio y la ineficacia.

En esto podemos ver la pobreza del tercer mundo, que se debe a las percepciones no bíblicas del mundo (percepciones que vienen de sistemas de religiones falsas). Por ejemplo, el fatalismo de los hindúes y los budistas y su creencia en la reencarnación paralizan el desarrollo y el progreso de sus sociedades (ellos perciben el mundo material como algo irreal y las dificultades en este mundo como los resultados inevitables de sus decisiones en vidas anteriores—dicen que tienen “mala karma”). La percepción del mundo en la mente de un animista es muy parecida en que él ve al hombre subyugado a las fuerzas exteriores de los espíritus. Por esto vive en la esclavitud a la superstición. El fatalismo de Islam tampoco sirve para incentivar planes para el futuro y la innovación.

La pobreza debido a explotación

Los que son pobres debido a la explotación necesitan tanto la caridad directa para suplir sus necesidades inmediatas, como la justicia en la forma de restitución de los que se han abusado de ellos, y la libertad de falsas religiones (si su explotación se trata del abuso dentro de un sistema religioso).

La pobreza debido a calamidades

Las víctimas de inundaciones, terremotos, guerras, etc. son los destinatarios más apropiados para nuestra caridad, siempre y cuando la meta es la de ayudarles a llegar a sostenerse a sí mismas otra vez.

LA POBREZA EN LA HISTORIA

La pregunta clave, cuando se enfrenta con la disparidad entre los ricos y los pobres (tanto individuos como sociedades), no es: “¿Cómo llegó este hombre (o esta sociedad) a ser pobre?” La pobreza es la condición natural del hombre. Por lo tanto, la pregunta clave es esta: “¿Cómo es que algunos han llegado a ser ricos?

La pobreza es una consecuencia de la caída del hombre (Gen 3.17-19). Las hambres eran muy comunes antes de la revolución industrial (alrededor de 1800 d.C.). Antes de la revolución industrial, Inglaterra sufría un promedio de siete hambres por siglo. En la provincia de Bengala, en la India, una tercera parte de la población murió durante la gran hambre de 1769-1770. Pérdidas parecidas se experimentaron también en la India durante 1783 y luego de 1790 a 1792. Luego los indios sufrieron ocho hambres más de 1838 a 1901, con más de nueve millones de personas muriendo de hambre. Durante una sola hambre en el norte de China de 1877 a 1878, más de nueve millones y medio de personas murieron.

Al fin y al cabo fue la ética cristiana de trabajo, y la revolución industrial que resultó de ella, que sacó el Occidente del horror repetida del hambre. Un arado de madera jalado por un buey puede proveer comida suficiente para una familia grande. Al llegar al siglo 18, el nuevo arado de hierro jalado por caballos podía proveer comida para tres familias. En los 1940 un tractor jalando un arado podía producir suficiente comida para 14 familias. Ahora, con los tractores avanzados, las nuevas herramientas y las técnicas actualizada de hoy día, un agricultor puede producir comida para 60 familias.

Es un hecho que se puede observar: Las economías más eficientes en todo el mundo son las que se basan en la posesión de propiedad privada, el dinero honesto, el mercado libre y la ética cristiana de trabajo.

¿Es el colonialismo responsable?

Mucho del tercer mundo es definitivamente un desorden espantoso. Los caudillos y dictadores, el caos económico, la desnutrición, las hambres, las guerras civiles, las masacres y la pobreza abyecto forman la norma de la existencia para la mayoría en estos países. ¿Quién es el responsable?

La idea que el colonialismo es la causa principal de la pobreza mundial se hizo popular por Vladimir Lenin, y sus discípulos la han repetido fielmente desde entonces. Sin embargo, a pesar de las murmuraciones ahistóricas de los colonífobos, algunas de las tierras más pobres y contrarias—Afganistán, Etiopía, Nepal, Tíbet y Liberia—nunca cayeron bajo el control colonial del Occidente. Algunas colonias—como Hong Kong—llegaron a ser muy prósperas. Y algunas de las tierras occidentales más ricas y más avanzadas, como Suiza, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, nunca controlaron ninguna colonia. Otros países avanzados como los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá eran antes colonias. En realidad, el contacto con el Occidente resultaba en más beneficios que desventajas. El té y los árboles de caucho, por ejemplo, eran desconocidos en Asia, tal como el maíz blanco en el África. Este tipo de bendición es el resultado del colonialismo.

Algunos de las “cicatrices principales del colonialismo” son:

  • Calles
  • Ferrocarriles
  • Escuelas
  • Hospitales
  • La rueda
  • Idiomas escritos
  • La Biblia
  • Iglesias

Las religiones idolátricas (que veneran a los hombres y mujeres muertos en vez de adorar únicamente a Dios) han causado la ruina de civilizaciones enteras. El obispo Bududira de Burundi dice que la obstrucción del progreso en los países tercermundistas se debe a actitudes mentales equivocadas—personas que se ven a sí mismas “sufriendo en la historia” en vez de verse “haciendo la historia”. Él llega a la conclusión que, “El mensaje de Cristo libera a la gente de la esclavitud de estos pensamientos tribales, y la lleva a un sentido más grande de responsabilidad personal” (cita de Reality and Rhetoric por Lord Bauer).

Las filosofías tercermundistas impiden la productividad, castigan logros y confiscan lo poco que se produce. Es una mentalidad que enseña a su adherentes a verse a sí mismos impotentes delante de las fuerzas a su alrededor. Entonces, debido a esto, la gente en sociedades del tercer mundo toma por sentado que otras personas (el gobierno, los superiores de uno, los ricos, los extranjeros, etc.) tienen que proveer las oportunidades y los recursos para su avance económico. Esta actitud es un aspecto de la creencia en el poder de fuerzas exteriores sobre el destino de uno… Es una actitud claramente desfavorable al progreso material y el desarrollo de una sociedad (tomado de Dissent on Development por P.T. Bauer).

La idea que es malo procurar el desarrollo personal y económico agarra a la gente y el temor de llegar a ser un objeto de la envidia de otros es algo que prohíbe el crecimiento y promueve la pobreza (del Envy: A Theory of Social Behaviour por Helmut Schoek).

A esta situación enfermiza llega la ayuda extranjera, que sólo sirve para aumentar la dependencia, la corrupción y la avaricia, en vez de desarrollar la responsabilidad.

Los problemas del Tercer Mundo no son principalmente políticos ni económicos. El problema es la religión falsa y las percepciones equivocadas del mundo que resultan de tales sistemas. La solución, por tanto, tiene que ser principalmente religiosa: Lo que el mundo necesita hacer es convertirse a Cristo y discipularse en la fe cristiana. Después de esto, las ayudas extranjeras de parte de la Iglesia y las organizaciones misioneras que llegarían a los países pobres no sólo serían más eficientes, sino que también inspirarían más responsabilidad personal y más productividad económica.

¿Es el socialismo bíblico?

A pesar de los esfuerzos exhaustivos e imaginativos de los que se llaman “cristianos socialistas” para promover el socialismo como “el verdadero cristianismo que ama y comparte”, los Diez Mandamientos siguen en pie: “No hurtarás (no robarás)” y “No codiciarás cosa alguna de tu prójimo”.

El socialismo es el robo legalizado. Es la envidia institucionalizada. El socialismo utiliza la envidia y la culpabilidad para manipular a los cristianos productivos a cometer suicidio económico. La doctrina socialista de igualdad económica requiere el robo de propiedad y la prohibición de libertades económicas (de Productive Christians in an Age of Guilt Manipulators por David Chilton).

El socialismo no es el pionero de un mundo mejor y más bello, sino que es el destructor de lo que miles de años de civilización han creado. El socialismo no edifica; más bien destruye. La destrucción es la esencia del socialismo. No produce nada, sólo consume lo que una sociedad ha producido con base en la posesión privada de propiedad y la étnica de trabajo y producción (de Socialism: An Economic and Sociological Analysis por Ludwig von Mises).

Para casi todos los problemas del mundo, el socialismo propone la intervención del estado. De esta manera los socialistas insisten en darle al gobierno poderes que no son bíblicos—poderes que son necesarios para interferir con (y controlar) los precios, el mercado, los salarios, los trabajos, las ganancias, la población, la educación, el movimiento de las personas, etc. El fin inevitable de la intervención creciente del gobierno es la erosión de la libertad personal.

El socialismo destruye el incentivo, la iniciativa y la productividad. Los socialistas son parásitos que consumen lo que otros han ganado por su propio duro trabajo e inventiva. Los socialistas tratan de cortar el “pastel” de una manera ventajosa para sus partidarios, mientras que el mercado libre simplemente resulta en más pasteles para todos.

El control de precios crea un mercado desequilibrado y caótico. Las leyes de los salarios mínimos resultan en la pérdida de empleo. Las restricciones de ganancias aumentan los costos para el consumidor. La imposición de la “igualdad económica” resulta en una economía estancada, la destrucción de iniciativa y, por lo tanto, más pobreza.

La preocupación por los pobres siempre ha sido una excusa por todo tipo de crimen—Judas Iscariote, que era un ladrón, es un buen ejemplo (Juan 12.4-6).

La envidia es la enfermedad más grave de nuestra época. La envidia es la idea que, puesto que otra persona tiene algo, ella tiene la culpa por el hecho que yo no tengo lo mismo (o sea, el envidioso dice: “Yo soy pobre porque usted es rico”). El motivo principal de la envidia no es tanto el deseo de quitar (de quitarle al que tiene lo que tiene), sino de destruir (destruir lo que tiene para que “sufra como yo”). La envidia y la malicia son inseparables.

El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. [Prov 14.30]

En vez de decir que la riqueza causa la pobreza, es más verdadero decir que lo que causa la pobreza es la creencia muy difundida que la riqueza causa la pobreza (de Wealth and Poverty por George Gilder).

Si tenemos necesidades, la Biblia nos manda a: Orar (Flp 4.6-7), trabajar (1Te 4.11), confiar en Dios (Flp 4.19) y estar contentos (Flp 4.12).

La única cosa que el socialismo ha podido darles a sus adherentes es el “salario garantizado” de Romanos 6.23: “…la paga del pecado es muerte”.

PRINCIPIOS BÍBLICOS PARA LA ECONOMÍA

1. El dinero honesto: En toda la Biblia, se habla del dinero por peso. La Ley de Dios manda que las transacciones financieras se hacen con base en el peso honesto (la medida honesta). Dios aborrece y prohíbe el peso injusto, las medidas injustas, la inflación, monedas que no se basan en oro (u otra cosa de valor constante) y las deudas múltiples (Lev 19.35-36; Prov 11.1; 20.10, 23; Amós 8.5-7; Miq 6.11-12). En 1982 uno podía mandar una carta por correo normal en Sudáfrica por cuatro centavos. En 1970, se podía comprar un carro nuevo por 1000 randes. El impacto devastadora de la moneda que no se basa en el oro y la inflación es criminal. La Ley bíblica requiere “dinero honesto” que se basa en algo que tiene un valor real y constante.

2. El mercado libre: No hurtarás (no robarás). No codiciarás cosa alguna de tu prójimo. Dios bendice la productividad, el incentivo, la iniciativa y el trabajo (Exod 20.15-17; 20.14-15; Lev 19.15; 1Sam 8.10-18; 1Rey 21.3; Esd 7.23-24; Prov 10.2-4; 12.24; 13.4, 11). La posesión de propiedad privada y los medios de producción son bíblicos y también son esenciales para la libertad y la prosperidad en una sociedad.

3. El gobierno limitado que se basa en una constitución: Cualquier impuesto que sobrepasa 10% se define en la Biblia como opresión. Cualquier impuesto de propiedad o de herencia es rotundamente prohibido. No se puede imponer ningún impuesto a las instituciones ni a los individuos que están involucrados en el servicio del Señor “de tiempo completo” porque todos sus ingresos vienen de ofrendas voluntarias (realizadas para el Señor) por personas que ya pagaron impuestos sobre sus ingresos (Esd 7.23-24). Menos gobierno implica más libertad y más responsabilidad personal (1Ped 2.13-14; Rom 13.3-4; Ecl 8.11; Sal 19.7-9; Prov 14.34; Sal 9.17).

4. La caridad que honra a Dios: El principio bíblico aquí se trata de nuestra responsabilidad de cuidar, primero que nada, a nuestras familias y luego (por medio de la iglesia, la comunidad y las organizaciones misioneras) debemos expresar el amor por nuestro prójimo. Este tipo de caridad debe tomar la forma de evangelismo y discipulado “persona a persona”, “iglesia a iglesia” y “organización misionera a comunidad”. La meta de toda caridad bíblica es la de fomentar responsabilidad y productividad. Se trata de ayuda durante un corto plazo para lograr beneficios de largo plazo (beneficios eternos). Queremos ayudar a las víctimas de pobreza a levantarse para que ellos puedan, en cambio, ayudar a otros (Isa 58.7; Stg 1.27).

En Mateo 25.35-36 y Ezequiel 34.2, la Biblia nos enseña que debemos fortalecer a los débiles, curar a los enfermos, vendar a los perniquebrados, compartir nuestra comida con los hambrientos, cubrir a los desnudos y cuidar a las viudas y a los huérfanos.

Con los siguientes principios se coloca un fundamento cristiano sobre el cual se puede edificar la prosperidad: Los cristianos tenemos que respetar la propiedad de otros y nunca robar, nunca engañar y siempre cumplir con los contratos. Tenemos que trabajar con diligencia para ganar nuestro dinero; debemos ser disciplinados en el ahorro de dinero para el futuro. Cuando hacemos inversiones, tenemos que actuar con sabiduría. Debemos obedecer a Dios en ofrendar a ministerios cristianos, ejerciendo mucho discernimiento en compartir con los que tienen necesidad. Trabaje todo lo que pueda, gane todo lo que pueda, ahorre todo lo que pueda y dé todo lo que pueda.

La caridad bíblica es principalmente dirigida hacia las viudas, los huérfanos y los discapacitados (1Tim 5.3-16). Los métodos bíblicos de ejercer la caridad incluyen: El espigar (el rebusco después de la cosecha), los préstamos (sin imponer usura), el trabajo y las ofrendas por medio de una iglesia local. ¿Está usted dando ayuda a un ministerio bíblico que ayuda a los pobres? Somos “guardas de nuestros hermanos” (Gen 4.9). Y no sólo dé de su comida o de su dinero; dé también de su tiempo para compartir el amor de Cristo y Su evangelio personalmente.

El amor es algo que usted hace, no sólo algo que siente. A pesar de lo que el gobierno hace, y a pesar de lo que la Iglesia hace, nosotros como individuos y familias tenemos la responsabilidad de obedecer a Dios. Puesto que la caridad es principalmente una función de la familia cristiana trabajando en concierto con otras familias cristianas, es esencial que cada una de las familias cristianas empiece a implementar el amor de Dios de maneras prácticas. La caridad empieza en el hogar: Educando a los niños, cuidando a los que no pueden cuidarse a sí mismos y fortaleciendo a los débiles. Todo empieza con animar a otros a la obra, a coordinar recursos, a establecer enlaces con programas que ya existen y a desempeñar nuevos esfuerzos (de la obra Bringing in the Sheaves por George Grant).

Cada moneda de un centavo de Sudáfrica lleva la imagen de un pajarillo y nos recuerda que Dios cuida aun al más humilde de nosotros (Mat 10.29). Y cada moneda de un rande viene con la inscripción: “Soli Deo Gloria”—cada rande que gastamos debe ser “sólo para la gloria de Dios”. Dios tiene cuidado de cada centavo. Cada rande que gastamos debe gastarse para la gloria de Dios (1Cor 10.31).

Ore (Flp 4.6-7), trabaje (1Tes 4.11), confíe en Dios (Flp 4.19), esté contento (Flp 4.12) y dé generosamente (2Cor 9.6-12).

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra. [2Cor 9.7-8]

VERSÍCULOS BÍBLICOS PARA NUESTRA MEDITACIÓN

Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre.[Deut 15.7]

Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová. [Sal 41.1]

Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. [Sal 82.3]

El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová. [Jer 22.16]

La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa. [Prov 19.11]

El que cierra su oído al clamor del pobre, También él clamará, y no será oído. [Prov 21.13]

Del rey que juzga con verdad a los pobres, El trono será firme para siempre. [Prov 29.14]

¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? [Isa 58.7]

Fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis [Mat 25.43]

Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. [Hech 20.34]

Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. [Luc 10.34-37]

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. [Gal 6.2]

Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo. [Heb 13.3]

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. [Stg 1.27]

Para más información y recursos, ponerse en contacto con: Christian Action Network, P.O. Box 23632, Claremont 7735; Tel: (+27 21) 689-4480 Fax: (+27 21) 685-5884; E-mail: info[ARROBA]christianaction[PUNTO]org[PUNTO]za