20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, 21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. [Rom 4.20-21]

Según el versículo 20 de este pasaje, lo opuesto de “fe” es el dudar — es no creer en lo que Dios dijo y lo que Él prometió (es no confiar en Su Palabra). Pero la fe, según el mismo versículo, resulta en la gloria de Dios (nuestra fe resulta en Dios glorificándose a Sí mismo) y por esto la fe le agrada (Heb 11.6). Pensemos en esto un poco…

Dios nos ha prometido ciertas cosas y “se atrevió” a escribir estas promesas en papel con tinta para que toda la creación (incluyendo Su gran enemigo, Satanás) pudiera verlas. O sea, Él proclamó que haría ciertas cosas pese a todo, lo dijo frente a todo el mundo y luego lo escribió todo en un Libro (la Biblia, que es como un “contrato escrito” de lo que Dios dijo que haría). Con esto, nos ha dicho una cosa muy importante: ¡Él es capaz! Dios proclamó frente a toda la creación que es capaz de hacer ciertas cosas.

Nuestra fe, entonces, le da a Él la oportunidad de probarse. La fe que ejercemos — la fe que resulta en la gloria a Dios — no es nada que nosotros mismos hacemos. Según Romanos 4.21 la fe que glorifica a Dios es “estar plenamente convencido” que Dios hará por nosotros, a través de nosotros y en nosotros todo lo que Él prometió. Dios dijo que haría algo, nosotros estamos convencidos que lo hará (que Él es completamente capaz y confiable) y cuando Él lo hace Él puede decir frente a todos: “¿VEN? ¡SOY CAPAZ, CONFIABLE Y CUMPLIDO!” Se glorifica a Sí mismo.

La falta de fe (la falta de estar plenamente convencido que Dios hará lo que dijo — que lo hará todo al pie de la letra) es decir que Él es un mentiroso… que no es capaz de hacer lo que prometió… que no es confiable en Su Palabra… que dice y no hace… Cuando dudamos las promesas que Dios nos ha dado, hermanos, estamos diciendo que Dios no es confiable porque no es capaz de hacer lo que dijo que haría.

¡Confiemos en nuestro Dios! ¡Confiemos en la Biblia! ¡Confiemos en las promesas que Él nos ha dado a nosotros! No seamos incrédulos dudando que Él hará todo lo que nos dijo que haría.

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. [Ef 3.20-21]

Aquí están algunas de las promesas que Dios me ha dado a mí (¡y a todos los cristianos!), entonces estas son algunas cosas que yo estoy plenamente convencido que Él me dará. Por esto, se lo estoy pidiendo a Dios en oración (1Jn 5.14-15; Stg 4.2-3; Juan 15.7).

  1. (Juan 15.16) Dijo que me escogió en Cristo Jesús para ir y llevar fruto (evangelismo), y que este fruto permanezca (discipulado). Entonces, yo estoy orando conforme a esta promesa (estoy orando lo siguiente…).
  2. (Hech 1.8) Me prometió el poder del Espíritu Santo para testificar (por tanto con fe — plena confianza que Él es capaz y confiable — estoy pidiéndole a Dios este poder).
  3. (Hech 4.31 con Ef 5.18 y 6.18-20) Puesto que la Biblia dice que este poder se manifiesta en denuedo para hablar la Palabra de Dios con los inconversos, por fe estoy pidiéndole a Dios que me de denuedo para testificar a los inconversos.
  4. (Col 4.2-4) Puesto que Dios me prometió el poder (el denuedo) para testificar a los inconversos, estoy pidiéndole por fe que me abra puertas — que me dé oportunidades — de testificar a los inconversos con denuedo.
  5. (Mat 4.19 con Luc 10.2). Él me prometió que si lo siguiera me haría un pescador de hombres. Desde el 1988, por la gracia y misericordia de Dios, he sido un seguidor del Señor Jesucristo. Ya es tiempo. Que me haga un pescador de hombres. Con fe se lo estoy pidiendo.

Oremos conforme a las promesas que Dios nos ha dado a nosotros (en el Nuevo Testamento; especialmente en los escritos de nuestro Apóstol, Pablo). Y vivamos conforme a ellas. La fe que glorifica a Dios es la fe que nos mueve a vivir (a actuar) conforme a lo que la Biblia dice. Dejemos que la Palabra de Dios cambie nuestras vidas — lo que hacemos HOY — de maneras prácticas. Qué estemos plenamente convencidos que Dios hará lo que nos prometió y actuemos conforme a este convencimiento. Una vida así no sólo le agrada a Dios… ¡también lo glorifica!