por Gregory Kedrovsky

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La Blasfemia Contra El Espíritu Santo: El pecado imperdonable

Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. [Mat 12.31-32]

La primera cosa que hemos de notar en cuanto a este pecado es que no se menciona en ningún lugar de la Biblia después de la crucifixión de Cristo Jesús. No hay ninguna referencia en todas las epístolas acerca de un cristiano cometiendo este pecado. Ni siquiera hay una referencia acerca del diablo tratando de tentarle a alguien a cometer este pecado. La blasfemia contra el Espíritu Santo se menciona en un contexto y es único, porque el pecado también es único. No es nada común en la Biblia.

Vemos una buena explicación de cómo se podría cometer este pecado en uno de los pasajes paralelos a Mateo 12.31-32.

De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo. [Mar 3.28-30]

Se menciona la misma blasfemia contra el Espíritu y Cristo dice que los que cometen este pecado, no tendrán jamás perdón. La clave de todo, sin embargo, es la palabra “porque” en la última oración del pasaje. Cristo les amonestó acerca de la blasfemia del Espíritu Santo “porque” ellos—los líderes judíos—dijeron que Cristo tenía un espíritu inmundo. La blasfemia contra el Espíritu, entonces, tiene que ver con “ellos” diciendo que el Mesías tiene un espíritu inmundo. Así que, lea el pasaje de Mateo 12.31-32 otra vez y saquemos uno detalles más de ahí.

Otra vez podemos ver una buena explicación de lo que está pasando en Mateo 12.31-32 si tomamos el pasaje en su debido contexto. El “por tanto” del versícuo 31 establece este contexto. Los líderes (los mismos que acabamos de ver en Marcos 3) estaban en peligro de cometer la blasfemia contra el Espíritu por lo que dijeron en los versículos anteriores (“por tanto”; Mat 12.31). Habían oído el mensaje de Jesús, que Él era el Mesías prometido, el Rey, el Hijo de David, y habían visto las señales que lo comprobaron (Mat 12.22-23; Hech 2.22). Pero, a pesar de las pruebas indubitables, estos líderes judíos rechazaron a Jesús como el Mesías diciendo que lo hacía todo por el poder de Satanás (como en Marcos 3.30 cuando dijeron que Cristo tenían un espíritu inmundo). Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo.

Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. [Mat 12.24]

Hay por lo menos tres factores, entonces, que tienen que existir antes de que uno pueda cometer el pecado imperdonable de blasfemar contra el Espíritu Santo. Primero, el Mesías tiene que estar en la tierra corporalmente y tiene que estar ofreciendo el reino físico a la nación de Israel (tal como se prometió en el Antiguo Testamento). Segundo, el mismo Mesías tiene que autenticarse a Sí mismo y también Su mensaje a través la manifestación sobrenatural de las señales, prodigios y milagros (tal como se prometió en el Antiguo Testamento). Tercero, los únicos (según la Biblia) que pueden cometer este pecado y blasfemar contra el Espíritu son los líderes de la nación de Israel. No hay nadie más en toda la Biblia que ha corrido el riesgo de blasfemar contra el Espíritu.

Así que, es imposible que alguien hoy día blasfeme contra el Espíritu Santo. Las condiciones no existen. Cristo no está físicamente en la tierra ofreciendo el reino a Israel y confirmándolo con señales milagrosas. Además, nadie en la Iglesia es un líder de la nación de Israel. Es imposible cometer el “pecado imperdonable” hoy día.

La confusión en cuanto a este pecado existe debido a las interpretaciones privadas (porque alguna gente no toma el texto en su debido contexto). Muchos enseñan que si uno dice hoy día que la obra del Señor es del diablo, entonces está blasfemando contra el Espíritu Santo. Por ejemplo, si alguien dice que las manifestaciones de señales en la Iglesia (comos las lenguas desconocidas, los supuestos dones de sanidad y la supuesta capacidad de echar fuera demonios) es una falsificación de la obra del Espíritu Santo por el mismo diablo y sus demonios, ya cometió la blasfemia contra el Espíritu. Sin embargo, una enseña de este tipo es simplemente una interpretación privada porque no tiene nada que ver con lo que la Biblia dice.

Ya vimos lo que la Biblia decía en cuanto a cómo se podría cometer la blasfemia contral el Espíritu Santo y, por tanto, ya sabemos que hoy día es imposible hacerlo. El “pecado imperdonable” no tiene nada que ver con atribuir la obra de Dios a Satanás, o la obra de Satanás a Dios. ¡La misma Biblia hace esto! En 2Samuel 24.1 la Biblia dice que Dios incitó a David a censar el pueblo y así confiar en la mano de carne en vez de confiar en el poder de Dios (obviamente un pecado). Pero en 1Crónicas 21.1 leemos que fue Satanás quien lo hizo. ¿Qué? ¿Blasfemó el autor de 1Crónicoas contra el mismo Espíritu que lo estaba inspirando a escribir la palabras que él escribió? Por supuesto que no. Vemos algo muy parecido en los primeros dos capítulos del Libro de Job cuando Dios mismo dice que Él hizo lo que Satanás acaba de hacer para arruinar a Job. El hecho es que la obra del diablo y la del Señor son tan parecidas que a menudo no se puede distinguirlas. El diablo es, en primer lugar, un instrumento para la gloria de Dios. A veces (como en los pasajes anteriormente citados) el Señor usa a Satanás para llevar a cabo Su plan, entonces en un pasaje vemos que Dios hizo algo (porque era Su plan, Su idea y Su voluntad) pero en otro pasaje dice que fue el diablo (porque él era el instrumento que Dios escogió para llevar a cabo Su plan). Además, una de las estrategias principales de Satanás es la falsificación, y la imitación que él saca es tan buena que es casi imposible distinguirlo de lo verdadero. Entonces, hay muchos casos hoy en día de cristiano ingenuos e ignorantes de la Escritura que (sin intención a hacerlo) atribuyen la obra de Dios a Satanás.

La blasfemia contra el Espíritu Santo no tiene nada que ver con alguien diciendo que una obra es de Satanás cuando otros dicen que es de Dios. La blasfemia contra el Espíritu Santo es decirle a Cristo, cara a cara, que Él tiene un espíritu inmundo después de haber visto todas las señales que comprueban que lo que dice es la verdad de Dios. Además, sólo los líderes de la nación de Israel pueden cometer este pecado, y sólo cuando el Mesías está aquí en la tierra ofreciéndoles el reino (el Milenio). Hoy día, es imposible blasfemar contra el Espíritu Santo.

Por esto, no se preocupe por “el pecado imperdonable” de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Más bien, preocúpese por lo siguiente.