[Este estudio forma parte de la enseñanza sobre el movimiento Pentecostal — es el primer capítulo del libro que estoy terminando sobre este mismo tema. Puede bajarlo en PDF aquí o también desde la página de Los Pentecostales. Espero que lo edifique y le ayude en su andar con nuestro Señor. ~Greg]

¿Cuál es la autoridad final con la cual el cristiano debe juzgarlo todo—su fe, sus creencias, su vida y todo lo demás que lo rodea en este mundo? ¿Es la Escritura o la experiencia del individuo (que incluye su parecer, sentimientos, opinión, etc.)? Hoy en día los comentarios abundan sobre este asunto. Uno sólo tiene hablar del tema y escuchará comentarios comos estos: “A mí no me importa lo que la Biblia dice, yo sé lo que me pasó”, “Yo no leo la Biblia porque Dios se comunica conmigo personalmente” o “Eso es su interpretación; yo lo entiendo de una manera diferente”. ¿Cómo podemos entender todo esto y saber cuál es la autoridad final para los que nos llamamos cristianos—seguidores de Cristo Jesús? Hay dos pasajes que nos ayudarán a entenderlo y el primero es una declaración de nuestro Señor.

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. [Mat 6.24]

Mateo 6.24 es muy claro en que dice que el ser humano no puede servir a dos señores—a dos autoridades finales. Cada uno escogerá servirle o al uno o al otro. En el contexto, Cristo está hablando de los dos “señores” de Dios y las riquezas (el dinero y todo lo que se puede adquirir con él). Sus palabras forman una declaración de autoridad final porque o serviremos a Dios (aborreciendo las riquezas) o serviremos nuestros propios deseos amontonando riquezas (y aborreciendo la autoridad de Dios en nuestras vidas). ¿Quién (o qué) será la autoridad final, entonces—Dios u otra cosa que nos parece mejor? Esta es la pregunta que tenemos que hacernos, especialmente si queremos abarcar un estudio como este sobre el movimiento Pentecostal. Para ver la gravedad de este asunto, veámoslo a la luz de los dos mandamientos primordiales—el primer mandamiento y también el grande. En la ley de Dios, el primer mandamiento dice así:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. [Exod 20.3]

Además de este primer mandamiento, Cristo dijo que el gran mandamiento, el que sobrepasa todos los demás, era el de amar a nuestro Padre Celestial (que es realmente una expresión del primer mandamiento arriba).

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. [Mat 22.36-37]

Los dos mandamientos primordiales se tratan de la autoridad final en la vida del que dice que es creyente. Si hay otra autoridad encima de Dios, lo que sea que haya en Su lugar es un dios falso porque está mandando en la vida del creyente en vez del Señor. Si uno dice que ama a Dios (según el gran mandamiento), pero no guarda Su Palabra como la autoridad final, es un mentiroso. Dios no es el dios su vida.

El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. [1Jn 2.4-5]

Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. [1Jn 5.3]

Así que, el asunto de la autoridad final es de suma importancia porque de esto depende todo lo demás.

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