Ya llevamos casi cinco meses de Lectura Congregacional, y recién terminamos el libro de Job. Aunque el libro en su estructura y contenido poético es complejo, el mensaje es simple: Dios pasó a Job por el horno de la aflicción para purificarlo, mostrándole que no debía confiar en su propia justicia.

Si bien es cierto, Job era un hombre perfecto y recto en sus caminos, Dios sabía que tenía la tendencia de auto-justificarse, poniendo la mira en su estilo de vida piadoso más que en una auténtica comunión con Él. Es interesante que el mismo Job, intelectualmente, tenía claro que no es posible justificarse delante de Dios, sin embargo con los hechos estaba negando esta verdad.

En el caso del inconverso, la auto-justificación es uno de los principales obstáculos para llegar a Dios, porque da un falso sentido de auto-suficiencia, y elimina la necesidad de Dios o bien de Su intervención en nuestras vidas. Pensar que es posible salvarse a sí mismo con obras de purificación es quizá la barrera más grande en la mente de las personas que desean conocer a Dios y a la vez rechazan el evangelio de Jesucristo.

Por otro lado, nosotros los cristianos muchas veces seguimos buscando exaltar nuestra propia justicia. Creemos que por nuestro compromiso en la iglesia o por nuestras obras piadosas merecemos un trato especial de parte de Dios, o seguimos usando la vida en la iglesia como una religión para justificarnos delante de Él.

Vamos a estudiar qué dice la Biblia sobre esta actitud de querer auto-justificarse delante de Dios, con el fin de examinarnos a nosotros mismos y de ser necesario ver cómo podemos corregirnos para andar en una buena comunión con el Señor.

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