El mensaje que vimos hace quince días se llamaba “Conquistando la Batalla”, Deuteronomio 7. Dios estaba dando las instrucciones a esta nueva generación de israelitas que estaban por entrar a poseer la tierra prometida.

Dios les había introducido en esta batalla, les había garantizado la victoria y les había entregado la estrategia que debían seguir al pie de la letra. Pero ¿qué sucedió? Israel no se comprometió con la estrategia que Dios les había mandado. Ellos debían de: (1) Destruirlo todo, (2) No hacer alianza con esas naciones y (3) No tener misericordia de ellas. Hicieron exactamente lo opuesto: (1) NO destruyeron todo, (2) Hicieron alianzas con esas naciones y (3) Tuvieron misericordia con algunos.

Dios nos ha dicho que debemos leer Su Palabra, para crecer en nuestro andar espiritual; nos ha dicho que debemos de orar, hablar con Él; nos ha dicho que debemos ir afuera y decir a otros lo que Cristo ha hecho por nosotros. Y si no estamos haciendo estas cosas, estamos “Perdiendo la Batalla”. Podemos estar en la misma condición que el pueblo de Israel, somos un pueblo rebelde, que de labios decimos que honramos a Dios, pero nuestro corazón está lejos de Él.

¿Qué podemos hacer si estamos perdiendo la batalla contra el pecado? ¿Estamos haciendo lo contrario, lo opuesto que Él nos dijo que hiciéramos? Es decir, no estamos leyendo Su Palabra, no estamos orando y no estamos evangelizando. Esto es, identificar si estamos perdiendo la batalla antes de que sea demasiado tarde.

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