[La enseñanza que sigue es de Ray Comfort y forma parte de su Escuela de evangelismo bíblico–es la Lección #002. Usted puede ver esta lección en su totalidad, y varias otras de la escuela de Ray, en el sitio de La Voz Bíblica.]

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. [Gal 3.24]

Las buenas nuevas del evangelio son, que en la cruz del Calvario, Dios extendió la gracia hacia la humanidad. Las meras palabras humanas no pueden expresar las maravillas que Su gracia demostró tan gráficamente en aquella cruz sangrienta. La gracia puede definirse como “el favor inmerecida que Dios le da al infinitamente inmerecido”—o sea, son las “riquezas de Dios al precio de Cristo”.

La pregunta que debe estar en el corazón de cada cristiano es cómo mejor podemos mostrar la gracia sublime de Dios a este mundo perdido. Nosotros les decimos a los pecadores que Dios los amó tanto que Él dio a Su Hijo Unigénito para morir en su lugar, y todavía parece tener menos relevancia que el pronóstico del tiempo. Para ellos, por lo menos el pronóstico del tiempo es aplicable aquí y ahora.

La solución a este dilema puede encontrarse en Romanos 5.20. Aquí nos informamos por qué Dios nos dio Su Ley: “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”.

Cuando el pecado abunda, la gracia sobreabunda (o sea, abunda “mucho mas”), y según la Escritura la cosa que hace que el pecado abunde es la Ley.

Nosotros podemos ver cómo funciona la Ley de Dios fijándonos en la ley civil. Por ejemplo, cuando no hay ningúna policia de tránsito visible en una autopista, los motoristas transgreden a menudo el límite de velocidad. Aparentemente cada motorista dice que a las autoridades se les ha olvidado patrullar su parte de la autopista. Un motorista está transgrediendo la ley por sólo 25 km. por hora, y además él no es el único haciéndolo.

Note lo que pasa cuando la ley (un carro de la policía de tránsito) entra al carril rápido con sus luces de emergencia encendidas. El corazón del motorista palpita rápidamente. Él ya no está tan seguro en el hecho que los otros motoristas también están violando la ley. Él sabe que es personalmente culpable—tan como el próximo tipo—y que él podría ser el que la policia señala. El hecho que hay otras personas que lo hacen ya no es pertinente. De pronto, su transgresión de “apenas” el 25 km. por hora ya no le parece una cosa tan pequeña; o sea, ya parece abundar.

Fíjese en la autopista del pecado. El mundo entero va naturalmente con el flujo. ¿Quién no ha tenido una “relación” (o por lo menos ha deseado una) alguna vez? ¿Quién en la sociedad de hoy no dice ninguna mentirit “blanca y piadosa” de vez en cuando? ¿Quién no toma algo que pertenece a otro, aun cuando simplemente es un crimen pequeño? Los pecadores saben que ellos hacen mal, pero su seguridad es en el hecho de que muchos son igualmente culpables, si no más culpable aún. Aparentemente a Dios se le han olvidado los Diez Mandamientos y el pecado; el pecador dice en su corazón: “Dios ha olvidado; Ha encubierto su rostro; nunca lo verá” (Sal 10.11).

Ahora mire lo que pasa cuando la Ley entra con el resplandor de luces rojas. El corazón del pecador salta. Él pone su mano en su boca. Él examina el indicador de velocidad de su conciencia que, de repente, le muestra la medida de su culpa en una nueva luz—la luz de la Ley. Su sentido de seguridad en el hecho de que hay multitudes que hacen la misma cosa ya no es pertinente, porque cada hombre dará cuenta de sí mismo a Dios. En aquel momento el pecado no sólo se hace personal, sino que parece “abundar”. Su lujuria se vuelve adulterio del corazón (Mat 5.27-28); su mentira piadosa, testigo falso (Apoc 21.8); su propia manera se vuelve rebelión; su odio, asesinato (1Jn 3.15); sus dedos “pegajosos” le convierten en ladrón. “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase…” (Rom 5.20). Sin que la Ley se introduja, el pecado nunca es personal, ni tampoco evidente. “…porque sin la ley el pecado está muerto” (o sea, es “inactivo”; Rom 7.8).

Era el “Mandamiento” que le mostró a Pablo el pecado en su luz verdadera—que es “sobremanera pecaminoso” (Rom 7.13). Pablo habló de su propia experiencia porque él se había sentado a los pies de Gamaliel, el gran “maestro de la ley”, y por eso había visto el pecado en sus colores vivientes.

Según la Escritura; “por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom 3.20). Esto quiere decir que una de las funciones principales de la Ley es la de hacer que los hombres reconozcan sus pecados—que estén conscientes de sus pecados personales (esto no es sólo la “percepción” sino también un conocimiento profundo y personal que lleva al pecador hacia el arrepentimiento).

Charles Spurgeon dijo que “la Ley sirve un propósito primordial”. Sus palabras respecto a los pecadors son verdaderas: “Ellos nunca aceptarán la gracia hasta que tiemblen ante una Ley justa y santa”. Los que entienden el propósito de la Ley entenderá también la necesidad de ser “hijos de trueno” antes de ser ”hijos de consuelo”. Sabrán que el pecador tiene que quitarse los zapatos de su orgullo humano antes de que puedan acercarse a la zarza ardiente del evangelio.

Es importante entender de que nosotros podemos evocar una respuesta llorosa de un pecador diciéndole que Dios le ama. Este tipo de mensaje es mas atractivo tanto para el cristiano y como para el pecador. Es más fácil hablar del amor que del pecado. Por ejemplo, hace años, antes de que yo entendiera la función de la Ley de Dios, yo hablé con una prostituta acerca del amor de Dios y ella estaba tan encantada que inmediatamente empezó a llorar. Yo no lo entendía pero sus lágrimas no eran lágrimas del dolor piadoso (el pesar) por el pecado, sino una reacción emocional por la necesidad del amor de un padre. En mi ignorancia, yo la llevé alegremente a la “oración de un pecador”. Sin embargo, fui muy desilusionado algunos días después cuando ella se alejó del cristianismo, y su corazón tierno se puso muy duro hacia las cosas de Dios.

Paradójicamente, la Ley hace que la gracia abunde del mismo modo que la oscuridad hace que la luz alumbre. Fue John Newton, el escritor del famoso himno “Sublime gracia”, que dijo que un mal entendimiento de la armonía entre la Ley y la gracia produciría “error a la izquierda y también la derecha”. Yo no creo que ninguno de nosotros podría tener un mejor entendimiento de la gracia de Dios que el que escribió tal himno.

Para ayudar a los pecadores a entender que la gracia es verdaderamente sublime, use la Ley Moral de Dios. Como John Wesley aconsejó a un joven evangelista: Para evangelizar eficazmente, predica 90% Ley y 10% gracia.