Resumiendo la vida de José según los capítulos que hemos visto, recordemos que:

Génesis capítulo 37:

Vimos como José por su buen comportamiento y sus sueños recurrentes fue “rechazado”. El fue objeto de burla e incredulidad por parte de su propia familia al punto que le escarnecieron queriendo acabar con su vida. Pero, al final terminaron vendiéndole y fue llevado a Egipto donde llegó a ser un esclavo.

José, es un cuadro del Señor Jesucristo. Él Señor también fue “rechazado” por sus hermanos y Su comportamiento fue mejor que el de José, Él fue perfecto. Jesús anunció que Él era el Mesías, el Hijo de Dios, y sus hermanos judíos le escarnecieron y le crucificaron.

Génesis capítulo 38:

Vimos cómo Dios interrumpe la historia cronológica de José para narrar la historia de Judá, hermano de José quien peca contra Tamar su nuera. Pero al final reconoce la justicia de ella por sobre la de él; lo cual es muy importante porque este evento y el hecho de reconocer sus faltas delante de Dios, logra mantener su nombre dentro de los planes de Dios, siendo esta tribu la que más tarde Dios usa como cuna del Mesías.

En Belén de Judá, fue el lugar en donde nació el Salvador. Lo que le permitió a Judá ser cuna de Jesús fue su arrepentimiento. Arrepentimiento que no se ve en sus hermanos mayores. Y esto nos habla que si deseamos ser ese “lugar” en donde nazca el MESÍAS, debemos arrepentirnos de nuestros pecados, tal y como lo hizo Judá.

Génesis capítulo 39:

Vimos a José lejos de su hogar y de su familia, viviendo como esclavo de Potifar en  Egipto. Pero, dando lo mejor de sí mismo, trabajando duro, mostrando su lealtad a su amo terrenal y respetando toda ley moral; rechazando el pecado por más accesible, insistente y tentador que fuese,  dándole más valor a Dios que a su propia vida, lo que le costó su encarcelamiento. De igual manera el Señor Jesús estaba lejos de Su Padre. Pero, vino a este mundo en forma de siervo. Él sirvió a todos y esto fue lo que causó el enojo de algunos hasta acusarle injustamente como a José.  Él no abrió Su boca ante sus acusadores, al igual que José no se defendió ante Potifar por las acusaciones que le hacía su mujer. En ambos casos ellos eran inocentes. Y aún así ambos fueron encarcelados sin causa. Aunque Cristo Jesús sí pagó con su propia vida injustamente.

Génesis capítulo 40:

Vimos a José en la cárcel, revelando de parte de Dios dos sueños, a dos personajes que estaban en la cárcel por haber infringido las leyes morales de Egipto. Estos sueños revelaban dos destinos diferentes; la vida y la muerte. Y llegaron a cumplirse como José lo había revelado, el panadero murió y el copero vivió.

Cristo Jesús bajó hasta el Seol que es un cuadro de la cárcel. Cristo bajó al Seol, que es el infierno, a padecer todo el dolor que debíamos padecer nosotros  y luego subió a Su Padre, al tercer cielo y presentó Su sangre en propiciación de los pecados de todo el mundo.

Sin embargo, todos los que hemos infringido las leyes de Dios, escritas en nuestros corazones, estamos en la cárcel de Dios, que es el infierno.  Cristo nos ha revelado dos destinos diferentes; la vida a los que aplican la sangre de Cristo a sus vidas, como el copero llenaba su copa de jugo de uvas que es un cuadro de la sangre derramada por nosotros, o la muerte para los que viven como el panadero, llevando sobre sus cabezas gran variedad de “manjares de pastelería” en donde llegan las aves para comer de la cabeza del panadero.  El pan que un cuadro de la palabra de Dios. Pero, es el Pan sin levadura, sin pecado, el que nos puede dar vida eterna.

José nos enseña a vivir bajo la autoridad divina, sin importar donde estemos; sin importar quienes nos rodeen. José nunca ocultó lo que sabía, a pesar que eso le costó el odio de sus hermanos, José padeció muchas penalidades a pesar que siempre se apartó del mal, José profetizó la verdad aunque luego le olvidaran. Eso nos debe de dar una luz e implica ser un varón o una varona “prósperos” según la perspectiva de Dios.

La mayor prosperidad del cristiano es celestial, no es terrenal. Y al igual que José estaba más “cómodo”  en casa de su Padre, Jesucristo experimentó lo mismo, lejos de Su casa y de Su Padre. Aún así vivió para Dios, renunciando a Su propia vida. Hoy nosotros estamos lejos de nuestra casa celestial y lejos de nuestro Padre celestial; pero esto no debe ser pretexto para vivir para nosotros mismos, debemos estar listos para ser “rechazados” por nuestras convicciones, debemos estar listos para soportar las diversas pruebas y debemos estar listos para renunciar a nuestras propias vidas  por servir a los presos de este mundo.

Génesis capítulo 41:

Ayer vimos como Dios liberó a José de la cárcel, y le dio un nombre en el cual todos doblaron la rodilla ante él. Le dio una esposa gentil y tuvo dos hijos. Lo convirtió en el salvador de Egipto y más adelante en el salvador de su nación Israel. Todo esto se trata del Plan de Dios para con Su Pueblo.

Él resucitó a Su Hijo y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo en el Señor, para Gloria de Dios Padre. (Filipenses 2.8-12)

Nuestra participación en esta historia de José, es que somos la Esposa de Cristo, que recibimos la salvación gratuitamente. Y lo que debemos hacer es anunciar, repartir el Pan de Vida a todos antes de que venga el tiempo del hambre espiritual, el tiempo del juicio sobre la tierra.

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