Recordemos que en el contexto de lo que venimos estudiando, Pablo está instando a los filipenses para que sean de un mismo sentir, unánimes y “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Fil. 2.3b). Si ellos iban a enfrentar las pruebas que les esperaban por someterse a Dios como sus siervos, tenían que poner la mira en la meta de ser coherederos con Cristo siendo copartícipes de sus padecimientos (Fil. 1.29; Rom. 8.17).

Así pues, Cristo viene a servir como el ejemplo por excelencia, no sólo para los filipenses, sino para todos los que deseen tomar acción en la misión que Dios nos ha encomendado. Si vamos a servir, tenemos que ser obedientes sin importar las consecuencias. Si vamos a ser siervos de Dios (sus esclavos) debemos entender cuál fue el sentir que hubo en Cristo Jesús, cómo reaccionó en respuesta a este sentir, y cuáles fueron los efectos de sus acciones.

De esta manera podremos encontrar el gozo en la aflicción, porque sabremos perfectamente cuál será el resultado final en la eternidad para los buenos siervos de Dios.

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