Filipenses es un libro que nos habla acerca de gozarse y regocijarse en el progreso del evangelio. Estamos en la primera sección que nos habla sobre nuestro combate, y cómo podemos meternos de lleno en él, estando siempre gozosos a pesar de lo adversas que puedan ser las condiciones.

En este primer capítulo vemos que los miembros de una iglesia misionera deben estar combatiendo unánimes. En los primeros versículos estudiamos algunas características claves de una iglesia misionera:

  1. Está compuesta por los santos, los salvos, que somos siervos (esclavos) de Jesucristo (v1).
  2. Hay un orden preestablecido con un liderazgo compuesto de pastores y diáconos (v2).
  3. Se procura hacer todo por la gracia de Dios y convivir en un ambiente de paz y armonía (v3).
  4. Los miembros aprecian y valoran a sus hermanos, y constantemente dan gracias a Dios y piden en oración por ellos (v3-4).
  5. Hay comunión (κοινωνία – koinonía) de todos en el evangelio; esto es, que existe unión, relación y participación en lo común (v5).
  6. Va en pos de la perfección por la obra de Dios en la vida de sus miembros (v6).
  7. Existe apoyo y convivencia constante entre los hermanos, participando todos juntos de la gracia tanto en los momentos buenos como en las pruebas (v7).

Hoy Pablo nos amplía sobre algunas de estas ideas, dándonos más detalles sobre la manera en que Dios nos va perfeccionando hasta el día de Jesucristo. Si estamos luchando por el progreso del evangelio, la convivencia con los hermanos que se encuentran combatiendo a nuestro lado es en “el entrañable amor de Jesucristo”. Así debe ser nuestro caminar hacia “el día de Cristo”, aprobando lo mejor.

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