Llevamos poco más de una semana leyendo Ezequiel. Este profeta fue llevado cautivo a Babilonia con el primer grupo de prisioneros en 597 a.C. No recibió Palabra de Dios sino hasta cinco años después, cuando cumplió 30 años de edad (Ez. 1.1-2).

La estructura del libro se puede resumir de la siguiente manera:

  • Los primeros 24 capítulos son profecías relacionadas con la caída de Jerusalén y la destrucción del templo.
  • Entre el capítulo 25 y 32 encontramos profecías contra las naciones gentiles.
  • Los capítulos 33 al 48 hablan sobre la restauración futura de Israel como cabeza de las naciones en el Milenio.

El contexto del capítulo 18 es el siguiente:

  • Durante los años de la transición entre los reyes y la cautividad, en Israel hizo popular un refrán que decía “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera”, sugiriendo que las calamidades y el juicio que estaban experimentando era consecuencia únicamente del pecado de los padres.
  • Dios les envía el mensaje de este capítulo a través de Ezequiel para mostrarles que sus caminos no eran rectos, y que (conforme a la Ley) cada quien llevaría la consecuencia de su propio pecado.

Así que vamos a estudiar esta corrección que Dios les envió a los judíos de aquel tiempo, y al final sacaremos varias aplicaciones: para nosotros juntos como iglesia, para el cristiano individualmente y para el no creyente también.

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