[La enseñanza que sigue es de Ray Comfort y forma parte de su Escuela de evangelismo bíblico–es la Lección #003. Usted puede ver esta lección en su totalidad, y varias otras de la escuela de Ray, en el sitio de La Voz Bíblica.]

El problema con la gente que no está buscando a un Salvador, y para salvación, es que no entienden la naturaleza del pecado. La función peculiar de la Ley es traer tal entendimiento a la mente y conciencia del hombre. Por eso grandes predicadores evangélicos 300 años atrás, en el tiempo de los puritanos; y 200 años atrás, en el tiempo de Whitefield y otros, estaban siempre comprometidos en lo que ellos llamaban el trabajo preliminar de la Ley.” ~Martín Lloyd-Jones

Cuando yo (Ray Comfort) comencé a evaluar las estadísticas de crecimiento de iglesias en todo el país de los Estados Unidos, encontré para mi horror que el 80 a 90 por ciento de aquellos que “toman una decisión por Cristo” había vuelto atrás en la fe. O sea, me di cuenta que el evangelismo moderno estaba creando 80 a 90, de lo que comúnmente llamamos apartados, por cada cien decisiones para Cristo.

Por ejemplo, en 1991, una de las mas grandes denominaciones de los Estados Unidos llegó a obtener 294.000 decisiones por Cristo. Desafortunadamente, ellos sólo pudieron encontrar 14.000 que se congregaban, lo que significa que ellos no pudieron informar acerca de 280.000 de esas decisiones—y esto es NORMAL en el resultado del evangelismo moderno.

La tragedia del evangelismo moderno es que, a fines del siglo veinte, la iglesia renunció a la Ley en su capacidad de convertir el alma y guiar pecadores a Cristo. Entonces el evangelismo moderno tenía que encontrar otra razón por la cual los pecadores responderían al evangelio, y la razón que eligieron fue el tema de “una vida mejor”. El evangelio degeneró en “Jesucristo te dará paz, gozo, amor, satisfacción y felicidad duradera”. Usualmente se dice algo así: “Nunca encontrarás la verdadera felicidad hasta que no vengas al Señor. Tu tienes un ‘vacío con forma de Dios’ en tu corazón que sólo Él puede llenar. Dios sanará tu matrimonio y te sacará de ese problema de la adicción. Él te ayudar con toda dificultad económica y será tu mejor Amigo”. La siguiente anécdota ilustrará la naturaleza no escritural de esta enseñanza muy popular.

Dos hombres están sentados en un avión. Al primero le dan un paracaídas y le dicen que se lo coloque, porque este mejorará su vuelo. Al principio, Él se muestra un poco escéptico ya que él no puede ver como usar un paracaídas en el avión le va a mejorar el vuelo. Pero por fin decide experimentar y ver si lo que le han dicho es la verdad. Cuando se lo coloca nota el peso que tiene sobre sus hombros, y encuentra que tiene dificultad en sentarse derecho. Sin embargo, se consuela a sí mismo con el hecho de que le han dicho que el paracaídas va a mejorar su viaje. Así que decide dejárselo un tiempo más.

Mientras espera, él nota que algunos de los pasajeros se están riendo por que él está usando un paracaídas en un avión. Comienza a sentirse de alguna forma burlado y humillado. Como ellos continúan señalándolo y mofándose de él, no puede aguantarlo más. Se escurre en su asiento, se desabrocha el paracaídas, y lo arroja al piso. Desilusión y amargura llenan su corazón, debido a que, según él, lo que le han dicho no es otra cosa que una mentira.

Al segundo hombre también le dan un paracaídas, ¡pero escucha lo que le dicen!. Le explican que en cualquier momento estará saltando fuera del avión a 8.000 metros de altura. Este hombre, agradecido, se pone el paracaídas. No nota el peso sobre sus hombros, ni el hecho que no puede sentarse derecho. Su mente está consumida con el pensamiento de lo que sucedería si saltara sin el paracaídas.

Analicemos la motivación y el resultado de cada pasajero. La motivación del primer hombre, para colocarse el paracaídas, era solamente mejorar su vuelo. El resultado de su experiencia fue que llegó a ser humillado por los pasajeros y desilusionado, y de alguna manera amargado, con aquellos que le dieron el paracaídas. En lo que a él le concierne, pasará mucho tiempo antes que alguien pueda colocarle aquellas cosas en su espalda otra vez.

El segundo hombre se colocó el paracaídas solamente para escapar del salto que vendrá. Y debido al conocimiento de lo que le sucedería si saltara sin él, este segundo hombre tiene un gozo profundo y una paz en su corazón sabiendo que él se ha salvado de una muerte segura. Este conocimiento le da la habilidad de manejar la burla de los otros pasajeros y su actitud hacia aquellos que le dieron el paracaídas es de una gratitud de corazón.

Ahora, escucha lo que el evangelio moderno dice: “Ponte al Señor Jesucristo. Él te dará amor, gozo, paz, satisfacción y felicidad duradera”. En otras palabras, Jesús mejorará su vuelo. El pecador responde, y en una forma experimental se pone al Salvador para ver si lo que dicen es la verdad.

¿Y qué es lo que obtiene? La tentación, tribulación y persecución prometida—los otros pasajeros se burlan de él. ¿Qué es lo que hace entonces? Se saca el Señor Jesucristo y queda ofendido por causa de la Palabra; está desilusionado y de alguna forma amargado… y con justa razón. Se le prometió paz, gozo, amor, y satisfacción; pero lo que obtuvo fue pruebas y humillación. Su amargura está dirigida hacia aquellos que le dieron la así llamada “buena noticia”. Su postrer estado llega a ser peor que el primero, y es otro inoculado y amargado “que se aparta”.

En vez de predicar que Jesús mejorará su vuelo, debiéramos advertir a los pecadores que ellos tendrán que saltar del avión: “Que está establecido para los hombres que mueran una vez y después de esto el juicio” (Heb 9.27). Cuando un pecador entiende las consecuencias terroríficas de haber quebrantado la Ley de Dios, correrá al Salvador, con la única motivación de escapar de la ira que vendrá. Si somos testigos fieles y verdaderos, esto es lo que predicaremos—que hay una ira que viene y por esto Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” (Hech 17.30-31).

El asunto no es el de una vida mejor, sino de la justicia. No importa todo lo feliz que es un pecador, o cuanto está disfrutando los placeres del pecado por un tiempo; sin la justicia de Cristo, perecerá en el día de la ira. Proverbios 11:4 dice: “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte”.

Paz y gozo son frutos legítimos de la salvación pero no es legítimo el uso de estos frutos como cartón de lotería para la salvación. Si continuamos haciéndolo, el pecador responderá con un motivo impuro y equivocado, sin arrepentimiento.

¿Te acuerdas porqué el segundo pasajero tuvo gozo y paz en su corazón? Era porque sabía que el paracaídas le salvaría de una muerte segura. De la misma manera, como creyentes tenemos “gozo y paz en el creer” (Rom 15.13) porque sabemos que la justicia de Cristo nos librará de la ira venidera.

Con este pensamiento en mente, miremos más de cerca un incidente a bordo del avión. Tenemos una asistente de vuelo—una asafata—nuevita. Es su primer día de trabajo. Ella está llevando una bandeja con café caliente y quiere impresionar a los pasajeros ¡De pronto lo hace! Ya que al caminar por el pasillo, tropieza con el pie de alguien y derrama el café caliente en el regazo de nuestro segundo pasajero. ¿Cuál es su reacción cuando el líquido caliente quema su tierna carne? ¿Dirá: “¡Hombre, eso duele!”? Por supuesto que sí, lo hace. Pero ¿tomará el paracaídas de sus espaldas y lo arrojará sobre el piso diciendo “estúpido paracaídas”? No. ¿Y por qué no lo hará?” Él no se puso el paracaídas para experimentar un mejor vuelo. Él se lo puso para librarse del salto que vendrá. Si este incidente del café caliente resulta en una reacción, será que le haga aferrarse más fuertemente al paracaídas y aún esperar con ansias el momento del salto.

Si “nos hemos puesto” al Señor Jesucristo por el motivo correcto—el de huir de la ira venidera—entonces cuando la tribulación golpee, cuando el vuelo se torne agitado, no nos enojaremos con Dios, y no perderemos nuestro gozo y paz. ¿A qué se debe etso? No vinimos a Cristo para un mejor estilo de vida, sino para huir de la ira venidera. Más bien, la tribulación es algo que acercará más al verdadero creyente al Salvador. Desafortunadamente, tenemos multitudes de cristianos profesantes quienes pierden su gozo y paz cuando el viaje se torna agitado. ¿Por qué? Porque son el producto de un evangelio centrado en el hombre. Ellos vinieron a Cristo sin arrepentimiento, y sin arrepentirse uno no puede ser salvo.