Mensaje #31 de la serie sobre la teología sistemática: La Pneumatología

En esta lección estudiamos el “bautismo del Espíritu Santo”. Sin duda alguna, es una doctrina fácil de confundir con otras obras del Espíritu, especialmente durante la época de la Iglesia (porque nuestra época se caracteriza por el Espíritu y Su obra en y entre nosotros). Entonces, primero que nada, entienda que el Espíritu hace varias obras y (a pesar del “traslapo” entre ellas) son diferentes y distintas.

  1. La presencia del Espíritu morando en nosotros: “La presencia divina”.
  2. La regeneración por el Espíritu: “La vida divina”.
  3. El sello del Espíritu: “La garantía divina”.
  4. El bautismo del Espíritu: “La unión divina”.
  5. La llenura del Espíritu: “El control divina”.

En este momento, no tiene que entender cada una de estas obras en todos sus detalles. Lo que necesitamos tomar en cuenta por ahora es que hay diferentes obras del Espíritu en y entre nosotros, y que son distintas (así que tenemos que “mantener la distinción” entre ellas y no “entremezclarlas”).

¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo, entonces? Vamos a ver que es la unión divina—la unión entre Dios y nosotros—y que consta de dos aspectos. Somos bautizados en Cristo (Su Cuerpo) y también somos bautizados en el Espíritu cuando lo recibimos. Es una moneda de dos caras: Somos puestos en Cristo y recibimos el Espíritu en nosotros. Así es la “unión divina” entre nosotros y Dios.

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