¿Un milagro de la evolución o una creación de Dios?

Que un organismo vivo surgió al azar de un caldo prebiótico es tan probable como si un tornado que barre un lote de chatarra pudiera ensamblar un Boeing 747 de los materiales de ese lote” (del libro “Darwin on Trial” por Philip E. Johnston).

El abejorro bombardero es un insecto que repele a sus enemigos con una carga candente de sustancias químicas que dispara por dos tubos rotativos en su cola. Las sustancias químicas que dispara este abejorro explotan espontáneamente al mezclarse en un laboratorio, pero evidentemente el abejorro tiene una sustancia inhibidora que bloquea la reacción explosiva hasta que el abejorro dispara un chorro de líquido desde sus “cámaras de combustión”, en donde añade una enzima para catalizar la reacción. Tiene lugar una explosión y dispara el repelente químico a una temperatura de 100 grados centígrados contra sus enemigos.

Si el abejorro bombardero es un “milagro de la evolución”, hay algunas observaciones importantes que hemos de hacer…

Antes de que este mecanismo de defensa pudiera brindar alguna protección al abejorro, todas sus partes, junto con la propia mezcla explosiva de sustancias químicas, además de la conducta intensiva requerida para su uso, tendrían que haberse ensamblado en el insecto. Un conjunto de órganos parcialmente desarrollados (por ejemplo durante las “etapas intermedias” del proceso de evolución) habría sido inútil. Si el insecto no tenía esta defensa natural, habría quedado como una buena cena para otro animalito y no existiría hoy día. Además, ¿qué habría sucedido si la mezcla química explosiva se hubiera desarrollado en el abejorro sin el inhibidor químico?

Si una teoría no logra explicar los datos en alguna ciencia, esa teoría tendría que ser revisada o reemplazada con una teoría que esté de acuerdo con los datos. Y la teoría de la evolución no explica cómo existe el abejorro bombardero. La evolución es una invención de los hombres que quieren seguir en su pecado, sin responsabilidad moral delante de un Creador santo, justo y bueno.

La evolución es la religión del ateo.