Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. [Mat 6.21]

Mucho se dice hoy acerca del “diezmo” y de “ofrendar”. Aun muchos están usando el dar para “vender bendiciones” (un periodista agarró esta idea hace tiempo y escribió acerca de las “indulgencias protestantes“). Aquí en Costa Rica han salido varios reportajes acerca de iglesias que se abusan del dar en sus iglesias (específicamente: Pasión por el dinero y Oasis de dinero; además de estos vínculos, si hace una búsqueda en YouTube de los dos títulos podrá ver el video de los reportajes).

Así que, antes de entrar en los detalles de lo que dice la Biblia, es importante aclarar algo: Dios no necesita nuestro dinero. Él es muy capaz de suplir Sus propias necesidades. Él es dueño de todo, no un mendigo que necesita de monedas. Tampoco podemos “comprar” la bendición dando de nuestro dinero. El sacrificio de Cristo en la cruz ya nos consiguió “toda bendición espíritual” (Ef 1.3) y por esto no pretendemos agregar nada a esa perfecta obra para la gloria del Padre.

Con esto en mente, analicemos los principios eternos que se hallan en la Biblia acerca del dar de nuestro dinero en la iglesia local a la cual pertenecemos.

En primero lugar, el que beneficia de dar dinero es usted.

  1. El dar desarrolla una actitud de gracia en su corazón.
  2. El dar le provee una fácil oportunidad de invertir en riquezas eternas, en la Misión de Dios en este mundo. Y así quita sus ojos de las riquezas terrenales.
  3. El dar demuestra la sinceridad de su amor por Jesucristo.
  4. El dar demuestra que Dios es su prioridad.
  5. El dar desarrolla su confianza en Dios (que Él es fiel y suplirá todo lo que usted necesita, especialmente si usted está obedeciéndole y participando en Su misión, aún de maneras tan sencillas como dar plata).

Además, al dar de su dinero, usted estará satisfaciendo las necesidades prácticas de su iglesia.

Si a usted le gusta su iglesia, deberá pensar en sostenerla con sus ofrendas. No hay nada gratis en este mundo. Todo cuesta y alguien tiene que pagar la cuenta (alquiler de un local, luz, agua, etc.). Según el sistema que Dios ha establecido, nosotros pagamos la cuenta (y Él nos reembolsará, con creces, en el Tribunal de Cristo). Así que, las ofrendas también sirven para satisfacer todo tipo de necesidades en y a través de esta iglesia — nuestras ofrendas sirven para el mantenimiento (de todo tipo) de la iglesia.

El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. [Gal 6.6]

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario. [1Tim 5.17-18]

Nuestras ofrendas sirven para desarrollar diferentes proyectos en la iglesia para alcanzar a más gente y así cumplir con la misión de Dios. También, nuestras ofrendas sirven para ayudar a los miembros en nuestra congregación que no pueden mantenerse por sí mismos.

En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. [1Cor 16.1-2]

Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos. [Flp 4.14-15]

Es cierto que Dios no necesita nuestro dinero, pero ha establecido el sistema de ofrendas para pagar por la obra de cumplir con Su misión. Si no ofrendamos, la iglesia no podrá pagar sus cuentas y se cerrará. Así de sencillo. Dios, entonces, arreglará cuentas luego (en el juicio de los cristianos en el Tribunal de Cristo; 1Cor 3.7-15; 2Cor 5.10-11; Rom 14.10).

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. [2Cor 9.6]

¿Cuánto debemos dar, entonces?

Si analiza las menciones en la Biblia de ofrendas, puede ver una “trinidad”, una sucesión de tres diferentes ofrendas. Cada una requiere un poco más de la persona dando. Así que, cada una es una indicación de más madurez espiritual. El que sólo diezma es el más inmaduro y Dios quiere que él crezca para ofrendar y luego ofrendar con sacrificio personal.

Primero: el diezmo. El diezmo se menciona antes de la ley (Gen 14) y también en el contexto de la ley. El diezmo no es un mandamiento para la Iglesia. Usted no “tiene que” diezmar. No es una obligación.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. [2Cor 9.7]

No obstante, según el patrón bíblico, el diezmo sirve para establecer la disciplina de la buena mayordomía en su vida. O sea, el diezmo es donde usted empieza. Es lo mínimo que el Señor espera de usted. Así que, si usted ni siquiera está diezmando, ésta sería una buena primera meta: diezmar (dar el 10% de) todos sus ingresos. Es lo mínimo que Dios espera de usted. Es la más mínima muestra de una madurez espiritual. Sin embargo, el diezmo sólo es una “primera” meta, porque hay dos otras ofrendas que se mencionan en la Biblia.

Segundo: las ofrendas. Cuando empezamos a madurar en Cristo y en nuestra relación con Dios, naturalmente vamos a querer ir más allá del diezmo (de sólo dar el 10%). Vamos a querer “ofrendar” más allá del diezmo para poder participar de una manera más comprometida en la misión de Dios y en los proyectos que la iglesia está desarrollando para cumplir con dicha Misión. Ejemplo: Usted puede dar el 20% y no sólo el 10%.

Tercero: las ofrendas sacrificiales. Aquí uno da hasta que le duela un poco. Llega a ser realmente un sacrificio. Una ofrenda sacrificial lo dejará a usted confiando en Dios para suplir sus propias necesidades. Esta es la meta: Llegar a ser como Cristo. Él dio hasta que le dolió mucho (en la cruz).

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. [Rom 8.29]

Entonces, no pensemos que estamos haciéndole a Dios un favor sólo diezmando (que es lo mínimo que Dios espera de usted). La meta va mucho más allá de sólo el 10%. El diezmo es un buen lugar para empezar. No es la meta.

¿Cuál deberá ser, entonces, nuestra actitud hacia el dinero y las posesiones?

Entienda primero que nuestra cultura es una de materialismo, y todos los días, todo el día, nos inculca la idea de que el éxito del hombre se mide en la abundancia de sus posesiones materiales (casa, carro, muebles, electrodomésticos, juguetes, etc.).

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. [Luc 12.15]

El éxito del hombre se mide según cumpla con el plan de Dios para su vida. Punto.

La abundancia o la falta de posesiones materiales no afecta su relación con Dios (y no es una indicación de ella). Había personas muy ricas en la Biblia, personas que tenían relaciones estrechas con Dios. Ejemplos: Job, Abraham, David, Salomón. Había personas muy pobres en la Biblia, también con relaciones personales con Dios (y usados por Él en Su plan). Ejemplos: Jesús, Pedro, Juan, Jacobo.

El problema es permitir que las posesiones materiales interfieran con su relación con Dios. El dinero no es el problema, sino el amor al dinero.

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. [1Tim 6.6-10]

La clave: ¡esté contento con lo que tiene y sirva a Dios en Su plan para su vida!

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. [Flp 4.11-12]