El pasado sábado 23 de Octubre tuvimos la dicha de reunirnos con cuatro personas para estudiar con ellos la Clase 201 de nuestro material de formación y discipulado. Asistieron Jose Enrique Salas con su esposa Marianela Cruz y Luis Montoya con su esposa Melissa Hidalgo. Yo estaba a cargo de la enseñanza y también nos acompañó mi esposa Silvia, quien me ayudó con la limpieza y el refrigerio y nos aportó mucho durante la clase.

Es un gozo encontrar en estos hermanos gran pasión por conocer la Palabra de Dios y obedecerla. Pudimos estudiar los tres hábitos esenciales de la madurez espiritual. Sin estos tres hábitos bien establecidos en nuestra vida es muy difícil que lleguemos a ser cristianos maduros en nuestro andar. Precísamente por la falta de estos hábitos, el cristiano promedio anda desubicado en sus prioridades, y fácilmente es engañado y llevado “por doquiera de todo viento de doctrina” (Ef. 4.14).

La meta de todo el discipulado es que el discípulo llegue a ser un “hacedor de discípulos”. Dios quiere que lleguemos a reproducirnos en otros “seguidores de Cristo”. Esa es la misión con la cual hemos quedado acá en la Tierra: “la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4.12) que realizamos a través del evangelismo y el discipulado.

Ninguno de nosotros puede estar bien capacitado para trabajar en la obra si no ha sido primeramente entrenado, así que es un proceso continuo: soy entrenado (discipulado) para luego entrenar (discipular) a otros. De esta manera todos vamos juntos hacia “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4.13).

La herramienta con que se realiza todo este proceso es La Escritura: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2Tim. 3.16-17).

Uno de los comentarios más interesantes de la tarde lo hizo Luis, en relación con el mal estado de la Iglesia en nuestros días. Luis reflexionaba sobre la apatía de la gente: si todos deberíamos estar evangelizando y discipulando, y si no podemos hacerlo bien sin estar preparados (porque no tendríamos Madurez para sostener el ministerio) entonces: ¿Por qué hay tan poca gente preparándose?…

Sabemos que estamos en los tiempos cerca del arrebatamiento de la Iglesia, porque vemos la apostasía y la infidelidad de este mayordomo que es la Iglesia. Esto nos da perspectiva bíblica para entender la apatía de las personas en general, pero no es una excusa para hacer lo mismo. Aunque estemos en la “época de Laodisea”, cada creyente es responsable personalmente de atender el llamado de Jesús a seguirle.

Así que la respuesta a la pregunta “¿Por qué no se involucran en el discipulado y en la obra?” deberá contestarla cada persona que está sentada sin participar en la misión de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mc. 16.15).

¿Por qué no viene y participa? ¿Por qué no se entrena para hacerlo? ¿Por qué no atiende al llamado de su Señor? La mayoría tendrá su juego de excusas o simplemente ignorarán el asunto.

Por eso es agradable encontrar en el camino a algunos que sí están interesados y comprometidos. Todos los valientes que tomen su cruz y sigan al Señor sin desviarse ni poner pretextos al llamado tendran la dicha de ser encontrados fieles cuando seamos llevados al Tribinal de Cristo.

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos”. (2Cor. 16.13)

Finalmente, le invito a repasar el siguiente artículo sobre un Perfil Bíblico de un Discípulo. Luego puede preguntarse: ¿seré un discípulo según el perfil que nos da la Biblia?

Simón/.