Ya hemos contestado la primera de tres preguntas importantes para el cristiano: ¿Qué es la Palabra de Dios? Vimos que la Palabra de Dios para nosotros en nuestros días es la Escritura. La segunda pregunta es: ¿Qué es la Escritura? Es la Palabra inspirada y preservada por Dios en las copias y traducciones que podemos conseguir y leer en nuestro propio idioma (específicamente, para nosotros de habla española es la Biblia de la Reforma: La Reina-Valera). Ahora hemos llegado a la última de las tres preguntas: ¿Cómo es la Escritura? Hay cinco atributos de la Escritura que debemos entender si queremos ver la Biblia como Dios la ve.

  1. La Escritura (la Biblia) es inerrante.
  2. La Escritura (la Biblia) es clara.
  3. La Escritura (la Biblia) es necesaria.
  4. La Escritura (la Biblia) es suficiente.
  5. La Escritura (la Biblia) es la autoridad final.

1. La Escritura (la Biblia) es inerrante.

“Inerrante” simplemente quiere decir “libre de error”. No hay ningún error en la Biblia (ni uno). Cada “error” (o “contradicción”) que uno ve en la Biblia es un error aparente porque cualquier problema de este tipo se puede resolver y aclarar con el estudio diligente de parte de un creyente humilde. La inerrancia de la Escritura implica que la Biblia es “veraz”, que siempre dice la verdad.

Si la Biblia (la Escritura) es realmente la Palabra y las palabras de Dios, tiene que ser “veraz” y “libre de error” porque Dios es así también (y Él es el Autor del Libro). Si la Palabra de Dios no dice siempre la verdad, esto quiere decir que Dios tampoco porque la Biblia es Su Palabra. Pero sabemos que esto no es cierto porque. Dios no es como los hombres (todo hombre es mentiroso; Sal 116.11), más bien Él no es mentiroso—Él siempre dice la verdad. Es imposible que Dios mienta; es imposible que Él diga algo que no es la verdad.

Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? [Num 23.19]

En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos. [Tito 1.2]

Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. [Heb 6.18]

Puesto que Dios no puede mentir, podemos confiar en Sus palabras, que ellas tampoco nos “mienten” (que son veraz—siempre dicen la verdad—e inerrante—no contienen errores). Debido a que la Escritura es el conjunto de las palabras dichas (y luego escritas) por Dios, sabemos que no contiene ninguna “mentira”, porque así es su Autor. No puede haber falsedad en la Biblia porque no hay falsedad en Dios, y la Biblia es el conjunto de las palabras de Dios. Por lo tanto, la Palabra de Dios—la Biblia, la Escritura—es verdad y ninguna mentira (ningún error) procede de la verdad.

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. [Juan 17.17]

No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. [1Jn 2.21]

No hay errores en la Escritura porque el Libro de Dios es inerrante (libre de error) y por lo tanto veraz (siempre dice la verdad). Toda palabra de Dios (cada una de las palabras de la Escritura) es limpia y pura; no hay ni una palabra en la Biblia que no es así.

Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan. [Prov 30.5]

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [Mat 24.35]

La Biblia es la verdad y siempre será la verdad porque es la Palabra de Dios. Puesto que Él no cambia, tampoco Su Palabra.

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. [Heb 13.8]

Para siempre, oh Jehová, Permanece tu palabra en los cielos. [Sal 119.89]

Lo que era inerrante y veraz en los originales es todavía inerrante y veraz en las copias y traducciones que podemos conseguir hoy día porque Dios es el que preserva Su Palabra. Y Él ha preservado Sus palabras individuales limpias, puras, sin error y sin corrupción exactamente como prometió en Salmo 12.5-7. Si alguien niega la inerrancia de la Biblia (la Escritura), se encuentra en problemas serios.

Si Dios no puede ni siquiera preservar un Libro libre de error, ¿cómo creeremos que puede preservar millones de almas de los que están confiando en Él para la salvación? ¿Cuál es más fácil: Preservar un libro o un alma? Si Dios no preservó la Escritura libre de error, no pudo cumplir con Sus promesas. Si es así, uno podría concluir que Él es un mentiroso y no el Dios Omnipotente (porque dijo que preservaría Sus palabras, y si no lo hizo, falló; Sal 12.5-7; Mat 24.35). Si en la Biblia hay unos “pequeños errores debido al proceso de copiar y traducir” (como dicen casi todos los eruditos), ¿dónde están? ¿Quién decide qué es un error o no? Y si hay errores en “lo pequeño e insignificante”, ¿quién dice que no los hay también en doctrinas más grandes y significantes como la justificación, la salvación y la resurrección?

Si uno niega la inerrancia de toda la Escritura, llegará a dudar lo que Dios realmente quiere decir en toda la Escritura (porque no sabe con certeza que ningún pasaje está libre de errores). Esto es exactamente lo que Satanás hizo con Eva en Génesis 3 cuando le hizo dudar la certeza de la Palabra de Dios dudando una parte de la totalidad.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. [Gen 3.4-5]

Si alguien niega la inerrancia de la Biblia (si dice que hay errores en ella), ¿quién llega a ser la autoridad final de su vida? ¡Él mismo! Porque él mismo decide lo que es un error y lo que es la verdad. O sea, él (el hombre) establece “las reglas del juego”, no Dios. Este es el gran problema con la mala doctrina de la inspiración e inerrancia de sólo los manuscritos originales. ¿Quién es la autoridad final? Es el erudito que sabe hebreo y griego, y que puede decirle a usted lo que la Palabra de Dios “realmente dice”.

En la Biblia esto se llama “a doctrina de los nicolaítas” y Dios la aborrece.

Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. [Apoc 2.6]

Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. [Apoc 2.15]

La palabra “nicolaíta” viene de dos palabras griegas—es una transliteración, no una traducción, de una palabra compuesta. Primero, “nikao” quiere decir “conquistar”; en segundo lugar, “laos” quiere decir laico (o sea, “los comunes y corrientes”; los que no son del “clero”). Entonces, la palabra compuesta quiere decir “conquistar a los laicos” o “conquistar al laicado”—a la gente común y corriente. La doctrina de los nicolaítas es el establecimiento de una clase sacerdotal sobre los “laicos” con el fin de gobernarlos y controlarlos. Esta doctrina se ve fácilmente en la Iglesia Católica Romana con su división distinta entre los sacerdotes (el clero; los que realmente “conocen a Dios”) y los demás (el laicado; los que no conocen a Dios y dependen de los sacerdotes para conocerlo).En los últimos siglos esta doctrina nefasta se ha manifestado en las iglesia no católicas también y toma la forma de la “erudición”. Muchos quieren decir hoy en día que si uno no conoce “los idiomas originales” (hebreos y griego, con tal vez un poco de arameo), no puede conocer a Dios. Los “laicos”, entonces, tienen que depender de los “sacerdotes” (los eruditos que, sí, saben hebreo y griego) para “realmente conocer a Dios y Su Palabra”.

El siguiente atributo de la Escritura contradice completamente esta falsa enseñanza, porque la Biblia es clara. Cualquiera puede entenderla porque Dios se la ha preservado en su propio idioma. Si alguien sabe un poco de griego bíblico o hebreo bíblico, qué dicha. Pero no puede encontrar “más de la verdad” que uno que sólo habla un idioma. Dios preservó Su Palabra y la preservó en nuestro propio idioma. El que niega la inerrancia en de la Biblia en las copias y traducciones es el que quiere levantarse a sí mismo como la autoridad final porque al fin y al cabo él es el que nos va a decir qué es un error y qué no. Dios aborrece esto y lo llama “la doctrina de los nicolaítas” para destacarlo por lo que es: Un deseo satánico de “conquistar” a la gente común y corriente mientras que uno se levanta como Dios—como la autoridad final.

Al fin y al cabo, es “todo o nada”: O la Biblia es la Palabra de Dios y por lo tanto inerrante y veraz, o la Biblia contiene errores y es como cualquier otro libro en la tierra. Según lo que la Biblia dice y debido ha que no hay evidencia convincente de que hay errores en la Biblia, podemos concluir con confianza que la Escritura es inerrante y veraz (no contiene ni un error, ni tampoco una contradicción). Usted puede confiar en la Biblia que Dios le ha dado en su propio idioma.

Para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad, A fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron? [Prov 22.21]

2. La Escritura (la Biblia) es clara.

En este atributo de la Escritura vemos otra vez que la doctrina de los nicolaítas está equivocada. No hay divisiones entre el clero y el laicado, entre los que puede entender la Escritura y los que no. La Biblia es clara, tan clara que cualquiera puede entenderla.

¿Qué queremos decir con la “claridad” de la Biblia? Queremos decir que el hombre común y corriente puede entenderla si la lee con un espíritu de humildad y un deseo de conocer a Dios y hacer Su voluntad. Por supuesto hay “algunas” cosas que son difíciles de entender. Tiene que ser así porque la Biblia es el Libro de Dios y Él es eterno e infinito. Obviamente lo que Él ha escrito va a tener las mismas características y por lo tanto nunca vamos a entenderlo todo.

Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. [2Ped 3.15-16]

No obstante, Dios nos ha dado provisión para crecer en estas áreas de dificultad. Nos ha dado el Espíritu Santo y también la iglesia local.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. [Juan 16.13]

Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. [1Cor 2.13-14]

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. [2Tim 2.2; ver también: Ef 4.11-12 con 2Tim 3.16-17]

No obstante, la gran mayoría de la Biblia (su “mensaje general” y los “principios eternos” que hay en la Escritura) no es difícil de entender Lo que la Biblia dice, lo dice de una manera “clara” y todos los que quieren entenderlo, pueden entenderlo. La claridad de la Biblia se ve tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. El Señor declara que todos los israelitas pueden hablar (conversar) acerca de las palabras de Dios. No es un tema sólo para los super-espirituales, los muy inteligentes o los que tienen su “doctorado en teología”.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. [Deut 6.6-7]

Los niños, los jóvenes, los agricultores, los pastores de ovejas, las amas de casa y los siervos podían hablar de las palabras de Dios en cualquier conversación normal durante el transcurso de cualquier día. ¡Y Dios esperaba que lo hicieran! La Biblia es clara; no es difícil de entender. Es tan clara como cualquier otro tema de cualquier otra conversación de nuestros días. En todo lo que Pablo escribe (tanto a los pastores [obispos] y diáconos, como a los demás santos), él da por sentado que todos pueden entender todo lo que les escribe.

Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos. [Flp 1.1]

Aun el hombre “sencillo” (el falto de inteligencia y sano juicio; el tonto) puede recibir beneficio y bendición leyendo la Escritura. O sea, la Biblia es tan clara en lo que dice que aun el “tonto” (el sencillo) puede entenderla.

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. [Sal 19.7]

La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples. [Sal 119.130]

No crea, entonces, que usted es demasiado “bruto, tonto o necio” para entender la Biblia. Si la lee con consistencia y ordenadamente (no al azar; termine de leer un libro antes de empezar otro), tarde o temprano entenderá ciertas cosas y crecerá en su conocimiento de Dios, de Sus obras y de Su voluntad para con su vida (la vida de usted).

No crea tampoco la mentira que sólo los “eruditos” pueden entender lo que la Biblia “realmente” dice. Recuerde lo que el Libro de Apocalipsis dice, que Dios aborrece este tipo de doctrina (la doctrina de los nicolaítas). Muchos hoy en día quieren verse como los grandes sabios con sus doctorados y su manejo de los “idiomas originales”. Se descubre con frases como “El griego nos ayuda a entender lo que este pasaje realmente quiere decir… Lastimosamente esta traducción no es tan buena… tal vez una mejor traducción sería…”

Dios da el entendimiento de la Escritura tanto al hombre común (como Pedro, un pescador sin letras) como al erudito (como Pablo, el fariseo con su “doctorado en teología”). La Biblia es clara y cualquiera puede entenderla sin tiene la actitud correcta y la disposición que Dios busca.

Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. [Isa 66.2]

¿Por qué, entonces, algunos no entienden la Escritura? En primer lugar, muchos son perezosos y no quieren hacer el esfuerzo diario para leerla, escudriñarla y meditar en ella.

Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel. [Deut 17.18-20]

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. [Jos 1.8]

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. [Sal 1.1-3]

¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación. [Sal 119.97-99]

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. [Hech 17.11]

Que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo. [Ef 3.3-7]

Sin embargo, a veces no podemos entender ciertas cosas todavía porque hay otras que tenemos que aprender primero.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. [Juan 16.12]

Por ejemplo, no vamos a entender bien la doctrina de la seguridad eterna hasta que entendamos un poco acerca de las dispensaciones porque Dios trata con los hombres de maneras diferentes durante las diferentes épocas. Vemos gente en el Antiguo Testamento que, sí, pudieron haber perdido su salvación, entonces si no entendemos que vivían bajo otra “economía” (dispensación), no vamos a entender que hoy día (bajo otra economía) nosotros no podemos perder la salvación. La vida cristiana es una de crecimiento constante y puesto que debemos siempre crecer en el conocimiento del Señor (2Ped 3.18), siempre va a haber cosas que no son claras pero que luego (con más conocimiento y entendimiento de las Escrituras) se aclararán sin ningún problema.

A veces la Biblia no es muy clara porque nosotros no tenemos la actitud de humildad y de fe que debemos tener. Esto siempre nos va a limitar en lo que podemos entender de la Escritura.

Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! [Luc 24.25]

Además, hay ciertas cosas que Dios nos dará sólo cuando nos sometemos fielmente a la estructura del discipulado en la iglesia local.

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. [2Tim 2.2]

La Biblia tampoco será muy clara para los que se acercan a ella con una predisposición equivocada (una predisposición de lo que quiere creer, a pesar de lo que dice la Escritura).

Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel, y se sentaron delante de mí. Y vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos? Háblales, por tanto, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere conforme a la multitud de sus ídolos, para tomar a la casa de Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos por sus ídolos. [Ezeq 14.1-5]

Alguien pone un “ídolo en su corazón” cuando ya decidió lo que quiere creer y se acerca a Dios (o la Biblia) para respaldar su propia creencia (no para averiguar humildemente lo que Dios dice acerca de tal cosa). Dios responderá a este tipo de persona conforme a lo que ya tiene en su corazón. Por ejemplo, los que se acerca a la Biblia buscando errores y contradicciones los encontrará y no estarán satisfechos con ninguna explicación razonable de por qué sólo son errores “aparentes”. Dios quiere la humildad en nuestros corazones—un temor sano delante de Él y Su Palabra. La soberbia siempre nos llevará a problemas.

Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu. [Prov 16.18]

Además, muchos no llegan a un entendimiento sano de la Biblia porque no practican una buena “hermenéutica” (principios de cómo estudiar la Biblia). La manera de la cual estudiamos la Escritura influenciará sobre lo que entendemos de la misma. Si no estamos estudiándola conforme a buenos principios del estudio bíblico, vamos a llegar a conclusiones equivocadas. Entonces, a pesar de que la Biblia es clara, hay “reglas” en el estudio de ella y si uno no aplica las reglas (los principios de cómo estudiar la Biblia), no entenderá la Biblia a pesar de que es clara. Puesto que hoy en día no hay muchos que todavía enseñan la buena hermenéutica, muchos más no entienden bien la Biblia.

La Biblia es clara; no es difícil de entender. Si la leemos con consistencia y un corazón humilde y sumiso, tarde o temprano creceremos en nuestro entendimiento de ella. No necesitamos “títulos avanzados en la teología” ni “un conocimiento académico de los idiomas originales” para entender la Escritura. Dios habla español igual que hebreo y griego.

3. La Escritura (la Biblia) es necesaria.

¿Realmente necesitamos la Biblia para conocer a Dios y saber lo que Él quiere que sepamos? Hemos contestado esta pregunta en parte en nuestro estudio de la existencia de Dios. Hay cierto conocimiento de Dios (de Su existencia y de algunos de Sus atributos) que se puede entender sin la revelación específica de la Escritura.

  • Sabemos que Dios existe.
  • Sabemos que Él es grande, poderoso y sabio.
  • Sabemos también que Él es un Dios de misericordia, de amor y aun de alegría.
  • Y (por la Ley moral escrita en nuestros corazones y nuestra conciencia que da testimonio a este Ley) sabemos que somos culpables delante de Dios.

Pero esto es todo lo que sabemos de Él “naturalmente”. Básicamente, sin la Biblia podemos saber suficientemente para darnos cuenta que estamos condenados, pero no sabemos tanto para saber cómo ser salvos. Sin la Biblia sabemos las “malas noticias” pero necesitamos la Biblia para saber las “buenas nuevas” de Cristo Jesús y la nueva vida en Él.

Necesitamos la Biblia para ser salvos.

Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. [Rom 10.13-17]

Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (v13). Pero no pueden invocar Su nombre si nunca han oído acerca de Él (v14); y para oír de Él, alguien tiene que predicarles (v15). (v17) Sólo con la Biblia (la Palabra de Dios) se puede ejercer fe en el Señor Jesucristo para ser salvo. La fe que salva viene por el oír la Palabra de Dios, entonces sin la Biblia (específicamente el evangelio que se revela en la Biblia) nadie puede ser salvo. La Biblia es necesaria para la salvación.

Necesitamos la Biblia para mantener al “buena salud” espiritual.

Si no “comemos” bien espiritualmente, llegaremos a estar débiles espiritualmente. La Escritura para el creyente es como su comida espiritual y tan necesaria como la comida física (¡o más!).

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. [Deut 8.3]

Jeremías dice que él “comió” las palabras de Dios y que por esto tenía gozo y alegría en su corazón.

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. [Jer 15.16]

Job compara las palabras de Dios con su comida diaria.

Del mandamiento de sus labios nunca me separé; Guardé las palabras de su boca más que mi comida. [Job 23.12]

Para el salmista las palabras de la Escritura eran más dulces que la miel.

¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. [Sal 119.103]

Sin la buena y sana comida espiritual de la Biblia, no vamos a crecer—no vamos a gozar de la buena salud espiritual (¡estaremos enfermos!).

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. [1Ped 2.2]

Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. [Heb 5.13-14]

Por esto hay tantas exhortaciones en la Biblia a meditar en ella cada día, todos los días (Jos 1.8; Sal 1.1-3; Sal 119.97; Hech 17.11). Es nuestro sustento, nuestra vida y nuestro alimento espiritual. La Biblia es necesaria para mantener la buena salud espiritual y para seguir creciendo en Cristo.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. [2Tim 3.16-17]

Necesitamos la Biblia para conocer la voluntad de Dios.

Todos los seres humanos tenemos “naturalmente” (por medio de nuestra conciencia) alguna idea de la voluntad de Dios—de lo que Él espera de nosotros.

Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio. [Rom 2.14-16]

Pero este tipo de conocimiento no es siempre confiable porque es indistinto y a veces nuestra conciencia pueda estar “mal informada” (o sea, por haber recibido información equivocada o incompleta, a veces nuestra conciencia no está “guiándonos” conforme a la perfecta y buena voluntad de Dios). La conciencia es suficiente para “dar testimonio” de la Ley moral en nuestros corazones, y así “dar testimonio” también de nuestra culpabilidad porque hemos violado la misma. Pero no puede enterarnos con certeza y exactitud de la voluntad de Dios. Para esto necesitamos la Biblia. Lo que Dios ha revelado por Su Palabras es para nosotros y nuestro hijos, para que cumplamos con todas Sus palabras (para cumplamos con Su voluntad).

Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley. [Deut 29.29]

En la Biblia vemos claramente (en papel con tinta) lo que Dios quiere y lo que no quiere. Con la Escritura no hay dudas en cuanto a la voluntad de Dios para con nosotros. Por supuesto no tenemos todos los detalles del plan de Dios para con nuestras vidas (a qué debemos dedicarnos; dónde debemos vivir; con quién debemos casarnos; etc.). Pero si seguimos la voluntad de Dios claramente revelada en la Escritura ,Dios nos guiará en el plan que tiene para nuestras vidas. La Biblia es necesaria.

  • Es necesaria para guiar al pecador a la salvación en Cristo Jesús.
  • Es necesaria para crecer espiritualmente y mantener la “buena salud” espiritual.
  • Es necesaria también para saber con certeza cuál es la voluntad de Dios.

No podríamos ser salvos y vivir como Dios quiere si no tuviéramos la Escritura .

4. La Escritura (la Biblia) es suficiente.

¿Es la Biblia (el conjunto de los 66 libros de la Escritura) suficiente para ser y hacer todo lo que Dios quiere? O, ¿necesitamos algo además de la Escritura (otro libro, visiones, sueños, experiencias místicas, señales, revelación directa, etc.)? Dios dice que la Biblia es suficiente.

La Escritura es suficiente para llegar a ser y hacer todo lo que Dios quiere.

Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean. [1Tim 2.3-4]

Ya vimos en Romanos 10.13-17 que la Escritura es suficiente para llevar a la salvación.

El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas. [Stg 1.18]

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. [1Ped 1.23]

Puesto que la Palabra de Dios es la verdad, es suficiente para llevar al conocimiento de la verdad (al conocimiento de la Palabra de Dios).

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. [Juan 17.17]

La meta de Dios para todos los cristianos es la de conformarnos a la imagen de Cristo—la de formar a Cristo en nosotros (en nuestro carácter y en nuestro comportamiento). Esto quiere decir que Dios quiere perfeccionarnos hasta que lleguemos a ser como el “Varón Perfecto”, Jesucristo.

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. [Rom 8.29]

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. [Gal 4.19]

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. [Ef 4.11-13]

La Escritura es suficiente para llevar a cabo esta obra; no necesitamos nada más. La Biblia es el instrumento que el Espíritu Santo usa para perfeccionar a los santos y Él no necesita nada más que la Biblia (porque es suficiente).

Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. [2Tim 3.15-17]

Además, Dios nos da todas las cosas que pertenecen a la vida (la vida en Cristo—la vida eterna y la de nuestro andar hoy en la tierra) y a la piedad (el “ser como Dios”) por medio del conocimiento de Él.

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. [2Ped 1.3-4]

¿Dónde encontramos este conocimiento de Dios que nos sostiene, nos provee todo lo que necesitamos para la vida y que nos transforma en la piedad? ¡En la Escritura! La Biblia es suficiente; no necesitamos más revelación de Dios (y debido a esto, no debemos buscar más revelación de Dios porque Él no nos la dará; más bien, ya nos dijo que la Escritura es suficiente, entonces ir buscando más revelación es no creer a Dios—es llamarlo mentiroso).  Si queremos ser “perfectos de camino” (si queremos andar perfectamente conforme a la voluntad de Dios y Sus deseos), tenemos que andar conforme a la Escritura.

Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová. [Sal 119.1]

La Biblia es suficiente para guiarnos en todo el camino de Dios. Todo lo que Dios requiere de nosotros se halla en la Escritura. Si andamos conforme a ella, seremos “perfectos de camino” porque estaremos andando conforme a todo lo que Dios requiere de nosotros.

Lo que quieren agregar más palabras o más revelación a la Escritura están bien equivocados.

Esto incluye a los mormones con su “Libro de Mormón” y las otras sectas como los “Testigos de Jehová” que dicen que tienen revelaciones de Dios.

Además, debemos tener mucho cuidado con decir cosas como, “Dios me dijo…” o “Tuve un sueño y Dios me…” porque con esto muchos agregan revelación extra-bíblica a la Escritura. Siempre es mejor decir, “Dios me dijo en la Escritura que…” y citar la Biblia. Dios dice con claridad que la Biblia es suficiente para que seamos y hagamos todo lo que Él quiere. No debemos buscar más revelación; debemos procurar someternos a la revelación que tenemos en la Escritura porque ella es nuestra autoridad final.

5. La Escritura (la Biblia) es la autoridad final.

Por todo lo que acabamos de ver acerca de la Escritura, podemos concluir que la Biblia, en todas sus partes, es la voz de Dios hablando a los hombres. La autoridad de la Biblia, entonces, radica en que ella es el “Así ha dicho Jehová…” para toda la humanidad. Si desobedecemos a la Escritura, es lo mismo que desobedecer a Dios. Si no creemos la Biblia, es igual a no creer a Dios.

Tenemos en la Biblia las mismas palabras de nuestro Señor—palabras inspiradas y preservadas por Él. No hay ningún problema con la Escritura porque es inerrante, clara, necesaria y suficiente. El problema lo tenemos nosotros. No nos toca a nosotros cuestionar, ni cambiar ni tratar de “mejorar” la Biblia. Ella es la autoridad final, no nosotros. ¡Ella debe cuestionar, cambiar y “mejorar” a nosotros! Nuestra tarea, entonces, es leer la Biblia, meditar en ella para que, con la ayuda del Espíritu Santo, la podamos entender. Y si la entendemos, debemos vivir conforme a ella. La Escritura es la Palabra de Dios, entonces la Biblia es nuestra autoridad final (es lo que Dios nos dice a nosotros).

Nuestra conclusión.

Ya entendemos que la “Palabra de Dios” es el discurso (el hablar) de Dios. En otros tiempos hablaba de diferentes maneras, pero al final habló por Su Hijo, Jesucristo. Habló por Su Hijo durante Su ministerio terrenal y después terminó de hablar por Él dándonos los escritos de los Apóstoles—los escritos que llegaron a ser los 27 libros del Nuevo Testamento.

Para nosotros hoy, la Biblia (la Escritura que tenemos en nuestro idioma) es la Palabra de Dios porque consta de las palabras de Él—es Su voz hablando a nosotros. Esta Escritura (la Biblia Reina-Valera) es inerrante (no tiene ningún error), clara (no es difícil de entender), necesaria (si queremos conocer a Dios, ser salvos y crecer en Cristo), suficiente (no necesitamos más revelación de Dios) y por lo tanto la autoridad final.

La Biblia es la verdad. Es nuestra fuente (100% confiable) de información acerca de la teología—la Persona de Dios y Sus obras.

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. [Juan 17.17]

La única cosa que nos falta es la “iluminación” de la Escritura. El hombre natural—el que no tiene el Espíritu de Dios (el que no tiene “espiritualidad” porque está muerto espiritualmente) no puede entender la Palabra de Dios.

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. [1Cor 2.14]

Es igual con el cristiano que no quiere andar conforme al Espíritu sino conforme a la carne (por cualquier razón, bien sea la rebelión o la inmadurez).

De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? [1Cor 3.1-3]

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. [Heb 5.12-14]

Una de las operaciones principales del Espíritu de Dios en nuestra época es la de enseñarnos la Palabra. Él fue enviado para enseñarnos—para guiarnos a toda la verdad.

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. [Juan 14.26; ver también: Juan 16.13]

Puesto que la Biblia es la verdad (Juan 17.17), entendemos que el Espíritu es el que, al fin y al cabo, nos da la “iluminación” de lo que leemos en la Escritura. El Espíritu de Dios nos enseña las palabras de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. [1Cor 2.12-13]

Debido a esto, hay ciertas cosas que tenemos que entender si queremos aprender algo de Dios estudiando la Biblia. No podemos esperar comprehender la verdad revelada en la Biblia si no queremos someternos al Señor y hacer lo que Él quiere.

Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. [Isa 66.2]

Aprendemos por la “iluminación” del Espíritu de Dios, no por el intelecto humano. Entonces, el aprender la teología tiene más que ver con su “actitud” que con sus “aptitud” (porque es el Espíritu Santo que le enseña). Debemos procurar siempre ser “estudiantes sometidos” a Dios para evitar la trampa de los “eruditos soberbios” que quieren ser como Dios (la autoridad final, encima de la Escritura). Tenemos que depender de Dios y esta dependencia debe manifestarse en nuestras oraciones.

Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. [Sal 119.18]

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. [Ef 1.15-18]