[La enseñanza que sigue es de Ray Comfort y forma parte de su Escuela de evangelismo bíblico–es la Lección #004. Usted puede ver esta lección en su totalidad, y varias otras de la escuela de Ray, en el sitio de La Voz Bíblica.]

Rascar a la gente a donde le pica y señalar sus ‘necesidades sentidas’ es una estrategia del pobre administrador de los oráculos de Dios. Esta fue la receta del éxito de los falsos profetas del Antiguo Testamento.” ~ R. C. Sproul

El amor de Dios: Presentación bíblica

El mensaje moderno del evangelio es “Dios te ama y tiene un maravilloso plan para tu vida”. Sin embargo, nuestra idea de “maravilloso” y la del mundo pueden ser un tanto diferentes. Lleva un pecador a través de las páginas del libro de los Hechos y muéstrale la terrible escena de las piedras quebrando los huesos de Esteban. Entonces sonríe y susurra, “maravilloso…”. Escuchen juntos el sonido de un latigazo cuando desgarra la carne de la espalda del apóstol Pablo. Sigan juntos la palabra “sufrimiento” a través de las epístolas, y ve si puedes hacer que el mundo susurre “¡maravilloso!”. Diles que “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hech 14.22). Después de tal recorrido por la Ruta de la Honestidad, quizás piensen que los placeres del pecado son un poco mas atractivos que el llamado a “sufrir las aflicciones con el pueblo de Dios” (Heb 11.25).

¿Quién en el mundo irá a escuchar nuestro mensaje si somos tan descaradamente honestos acerca de la vida cristiana? Tal vez no tantos como los que son atraídos por la predica del “maravilloso plan”. La respuesta a nuestro dilema es hacer el principal énfasis en la justicia en lugar de la felicidad. Esto es lo que Jesús hizo. Él usó los Diez Mandamientos para mostrar a los pecadores la norma justa de Dios (Luc 10.25-26; 18.18-20). Una vez que el mundo vea la norma perfecta por la cual todos serán juzgados, comenzarán a temer a Dios, y es a través del temor a Dios que los hombres se alejarán del pecado (Prov 16.6). Comenzarán a tener hambre y sed de la justicia que es sólo se halla en Cristo Jesús.

Si tu estudias el Nuevo Testamento, verás que el amor de Dios casi siempre es mostrado en directa relación a la cruz: he aquí el amor, porque Dios nos amó tanto, Dios mostró su amor, etc (ver Juan 3.16; Rom 5.5-8: Gal 2.20; Ef 2.4-5; 5:2, 25; 1Jn 3.16; 4:10; Apoc 1.5; entre muchos otros). La cruz es el punto de enfoque del amor de Dios por el mundo. ¿Cómo podemos señalar la cruz sin hacer referencia al pecado? ¿Cómo podemos referirnos al pecado sin usar la Ley (Rom 7.7)? El camino bíblico para expresar el amor de Dios al pecador es mostrar cuan grande es su pecado (usando la Ley; ver Rom 7.13; Gal 3.24) y entonces ofrecerle la increíble gracia de Dios en Cristo. Esta fue la clave para alcanzar a tantos en el Día de Pentecostés. Ellos eran “devotos judíos” que conocían la Ley y sus santas exigencias, y por ello con predisposición aceptaron la misericordia de Dios en Cristo para escapar de Su temible ira.

Cuando usas la Ley para mostrarle al mundo su verdadero estado, prepárate para que los pecadores te lo agradezcan. Por primera vez en sus vidas verán el mensaje cristiano como una expresión de amor y preocupación por su bienestar eterno, mas que un mero proselitismo para un mejor estilo de vida mientras están en la tierra.

Piense en esta cita de John MacArthur hasta que quede escrita en los corredores de tu mente: “Necesitamos ajustar nuestra presentación del evangelio. No podemos descartar el hecho que Dios aborrece el pecado y castiga a los pecadores con tormento eterno. ¿Cómo puedo comenzar una presentación del evangelio, diciendo a aquellos que están en el camino al infierno, que Dios tiene un plan maravilloso para sus vidas?”. Es verdad que Dios tiene un maravilloso plan para sus vidas; pero este es que ellos se arrepientan y confíen en Jesús, y reciban la justicia de Cristo.

Hacer temblar a los pecadores

Para una ilustración bíblica de cómo confrontar a los pecadores usando el asunto de la justicia, miremos la vida del rey David. Cuando David pecó con Betsabé, él quebrantó cada uno de los Diez Mandamientos. Él codició la mujer de su prójimo, vivió una mentira, robó, cometió adulterio, mató a su esposo, deshonró a sus propios padres, y quebrantó los siguientes cuatro al deshonrar a Dios. Fue entonces cuando el Señor envió al profeta Natán para recriminarle (2Sam 12.1-14).

Hay un gran significado en el orden en que realizó la recriminación. Natán le dio a David, el líder y “pastor” de Israel, una parábola acerca de algo que podía entender: Ovejas. Comenzó con un asunto común, en vez de exponer inmediatamente el pecado del rey. Le contó una historia acerca de un rico que, en vez de tomar una oveja de su ganado, mató la oveja mascota de un pobre hombre, para alimentar a un vistitante.

David estaba indignado, y se sentó en su elevado trono de autojustificación. Reveló su conocimiento de la ley al declarar que el culpable debía devolver cuatro veces lo robado y debía morir por su crimen. Natán, entonces, expuso el pecado del rey al considerar otra cordera de un hombre, diciendo “Tú eres ese hombre… ¿Por qué has desechado el mandamiento del Señor, haciendo el mal a sus ojos?”. Cuando David lloró “he pecado contra el Señor”, el profeta entonces le dio la gracia y dijo, “el Señor también ha quitado tu pecado y no morirás”.

Imagínate si Natán, temeroso del rechazo, hubiera cambiado un poco las cosas, y hubiera dicho: “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida. Pero, hay algo que te impide disfrutar este maravilloso plan; esto se llama pecado”. Imagina si él hubiera encubierto la naturaleza personal del pecado de David, con una referencia general a que todos los hombres han pecado y han sido destituidos de la gloria de Dios (Rom 3.23). La reacción de David podría haber sido “¿De qué pecado me hablas?” En vez de confesar su terrible transgresión.

Piensa en esto: ¿Por qué lloraría “he pecado contra el Señor” al escuchar este tipo de mensaje general? En lugar de esto, él podría tener un sincero deseo de experimentar este “maravilloso plan”, confesar que él como todos los hombres ha pecado y caído de la gloria de Dios. Si David no hubiera sido llevado a temblar bajo la ira de la Ley, el profeta habría quitado la misma esencia que produce la tristeza santa, lo cual es necesario para el arrepentimiento (2Cor 7.10).

Fue el peso de la culpa de David que lo llevó a clamar “he pecado contra el Señor”. La Ley hizo que sufriera bajo la carga del pecado que llegó a ser muy pesada; le hizo tener hambre y sed de justicia. Esta le alumbró la naturaleza seria de su pecado a los ojos de Dios.

Aquí, entonces, es como podemos lograr que los pecadores clamen, según Paris Reidhead:

Si pudiera hacer lo que quiero, declararía una moratoria en la predicación pública del plan de salvación en América por uno o dos años. Luego llamaría a todos los que hacen uso de la radio y los púlpitos a predicar la santidad de Dios, la justicia de Dios y la Ley de Dios, hasta que los pecadores clamaran: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Entonces les llevaría a un rincón y les susurraría el evangelio a ellos. No uses Juan 3.16. Tan drástica acción es necesaria porque hemos creado una generación de pecadores endurecidos al evangelio, al decirles cómo pueden ser salvos antes de que ellos entiendan el porqué necesitan ser salvos.