Los apóstatas son peores que los impíos. ¿Alguna vez ha pensado en esto?

Primero, antes de explicarme, ¿qué es la apostasía y qué es un apóstata? La apostasía es cuando alguien que tiene la verdad, la deja y no sigue andando conforme a ella (2Tim 4.3-4). El apóstata, entonces, es el que “se convierte a Cristo” y (parece) anda con Él por un tiempo, pero como Demás (2Tim 4.10), deja el camino de Dios y vuelve al mundo.

Ahora que usted sabe lo que es la apostasía y qué es un apóstata, me imagino que podría sacarme una lista larga de apóstatas que conoce—personas que antes estaban en la iglesia, estaban en el discipulado, estaban en la Biblia… pero ahora no están en nada (salvo por la cama de una mujer ajena o un bar en donde “vive la gran fiesta”). Yo también tengo mi larga lista de nombres de amigos, discípulos y hasta colaboradores que ya no andan conforme a la verdad que conocen. Volvieron atrás y están en apostasía.

Los apóstatas son peores que los impíos. ¿Sabe por qué…?

Los apóstatas deshonran el Nombre de Cristo y dan mala fama al cristianismo. Tertuliano lo dijo así: “El apóstata parece poner a Dios y a Satanás en una balanza, y después de pesar a los dos, prefiere el servicio al diablo y lo declara el mejor amo”. El apóstata primero viene a Cristo del mundo, del pecado y del servicio a Satanás. Luego, “prueba” a Dios por un tiempo y después decide volver al mundo, al pecado y al servicio de Satanás. En efecto está diciendo que es mejor servir al diablo que al Señor Jesucristo (y al apóstata que está leyendo esto: No me diga con la boca que no es así, porque con los hechos de su vida declara que tengo toda la razón).

Por esto digo que el apóstata deshonra a Cristo abierta y descaradamente.

Quiero decir algo más del apóstata que vuelve al mundo, al pecado y a la “vida vieja” (sé que hay muchos apóstatas que todavía mantienen apariencias yendo a iglesias… no son iglesias comprometidas con la verdad, pero de todos modos “van a una iglesia”—no hablo de ustedes todavía).

El que se aparta de Dios tiene un corazón incrédulo. Vea lo que dice la Biblia:

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. [Heb 3.12]

La progresión es lógica: El que se aparta de Dios (el apóstata) lo hace porque en su corazón no cree—tiene un corazón de incredulidad. El corazón de incredulidad es un corazón malo. El hombre nunca se convirtió; nunca dejó de ser un malo; nunca llegó a ser un verdadero “creyente”. Es un incrédulo malo y su apostasía es simplemente el fruto visible de lo que es adentro.

El que no conoce la misericordia de Dios (en salvación, por supuesto), no se preocupa por la justicia de Dios. El apóstata que vuelve al mundo (sin temer la justicia de Dios) no tiene la salvación, téngalo por seguro. Su hermano en la fe es Demas y los dos, según la Biblia, son enemigos de Dios. Cuando alguien se preocupa por la justicia de Dios, corre a la misericordia de Dios (la salvación que Dios le ofrece en la Persona y obra de Cristo). Esta benignidad de Dios es lo que resulta en el arrepentimiento—en dejar el pecado para huir a Cristo y la santidad en salvación.

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? [Rom 3.4]

Ahora tengo una palabra para los cristianos que están en “apostasía” (no viven conforme a la verdad que conocen; más bien asisten a iglesias que ellos mismos saben que no tienen ningún compromiso con la autoridad final de la Escritura), pero siempre mantienen apariencias en su “cristianismo”. Esta es la palabra que tengo para ustedes: ¡VUELVAN! Vuelvan al rebaño donde deben estar.

En estos días, en la Iglesia del Este, hemos empezado a estudiar un concepto que para muchos es nuevo: Las siete etapas del discipulado. Es la quinta etapa que revela lo que hay adentro—si uno es un verdadero seguidor de Cristo, o un apóstata que va volver atrás cuando la cosa se pone difícil.

  1. Etapa #1: Arrepentimiento. Es necesario para salvación y también para crecer en Cristo.
  2. Etapa #2: Iluminación. Esta es la etapa de crecer en conocimiento (de la Biblia y de Dios mismo).
  3. Etapa #3: Entrenamiento en el ministerio. Después de crecer en conocimiento, el discípulo quiere entrenarse para compartir lo mismo con otros (tanto en la iglesia como a los inconversos).
  4. Etapa #4: Desarrollo de liderazgo. Después de su entrenamiento, el discípulo participa en el ministerio, influenciando sobre otros con la Palabra (pero siempre bajo supervisión de otro).
  5. Etapa #5: Re-evaluación y separación. Esta es la etapa de pruebas y sirve para “colar” a los apóstatas, cimentar compromiso y desarrollar carácter. Los que no tienen un fuerte compromiso con Cristo y la voluntad de Dios (¡qué requiere mucha humildad!), volverán atrás. Los que siguen con el Señor serán “purificados en el horno de fuego” de las pruebas. ¿Cuántos conocemos que, después de un tiempo de crecimiento espiritual y participación en el ministerio, ya no están entre nosotros? Se fueron. Fíjese bien y verá que había una prueba en su vida—Dios les probó el carácter y el compromiso—y fracasaron. Fracasaron y no tuvieron la humildad (el carácter) para aguantarlo. Entonces, se fueron.
  6. Etapa #6: Liderazgo en el ministerio. Después de la prueba, el discípulo está listo para hacer lo que estaba haciendo en la cuarta etapa (ejercer el ministerio de la Palabra), pero ya sin más supervisión. Está probado y por esto tiene la confianza de la gente.
  7. Etapa #7: Consagración y visión mundial. Aquí la misión de hacer discípulos (evangelismo y discipulado) llega a ser su estilo de vida.

La quinta etapa es clave—es el “colador”.

¿Qué podemos hacer para evitar la apostasía y aguantar las pruebas (aun con gozo: Rom 5.3-5)? Bueno, hay mucho. Pero por ahora voy a darle dos consejos porque si los sigue, verá que serán de mucho provecho en su vida y andar en Cristo.

Primero, ejerza mucha abnegación. Fíjese en la palabra “mucha” porque es muy importante. ¿Qué es lo que le atrae a uno a la apostasía? Siempre tiene que ver con un vicio, un pecado u otra cosa “para mí”. Siempre hay un elemento de comodidad “para mí”… siempre hay algo de “yo quiero” en la apostasía (o aun de “no quiero”, cuando se trata de la santidad). Si usted no escoge negarse, si no procura mucha abnegación, no puede ser un seguidor de Cristo. La prueba llegará y usted dejará al Señor para satisfacerse a sí mismo.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. [Mat 16.24]

En segundo lugar, procure con diligencia estar seguro de su salvación.

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. [2Ped 1.10]

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. [Flp 2.12]

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. [Rom 8.16]

Puesto que es el Espíritu Santo que le dará la seguridad de su salvación (Rom 8.16), procure con diligencia andar en el Espíritu y no en la carne todo el día, todos los días (Gal 5.16, 25). ¡Sea diligente! ¡Sea diligente! ¡Sea diligente! Pase mucho tiempo y muy a menudo en la oración, en la lectura de la Biblia y en el compañerismo con otros cristianos comprometidos.

Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. [Luc 9.62]