Continuamos en el contexto de las ofrendas, sin embargo hoy tenemos que detenernos un momento para estudiar a los administradores de las ofrendas, aquellas personas que deben manejar y procurar hacer las cosas honradamente con los recursos que se pueda recoger.

La iglesia a nivel global debería estar llevando a cabo un rescate de emergencia similar al que vemos en este pasaje: en donde hay abundancia se debería estar recogiendo ayudas para enviarlas a donde hay terrible pobreza. Pero como síntomas de la época de Laodicea, las iglesias tibias están adormecidas en su función de sostener a los hermanos pobres y no hay buenos administradores para que lleven las ayudas diligentemente.

Si nosotros queremos despertarnos de la apatía, y trabajar bajo un modelo bíblico, debemos contar con buenos administradores de los recursos, ministros honrados y sabios que sepan identificar los puntos en que se deben invertir los fondos que todos estamos aportando.

Llevando este asunto al plano personal, usted como ministro debe administrar sabiamente los recursos que Dios le da, e ir formando su carácter porque quizá un día tenga a cargo un ministerio o incluso una iglesia, y debe estar listo para ser testimonio de honradez y transparencia en medio de un mundo de corrupción.

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