Durante los primeros párrafos de la carta Pablo hablaba de sus tribulaciones y aflicciones, pero también de la consolación (2Cor. 1.3-7). Aunque ya estudiamos el contexto histórico de la carta, y revisamos la estructura de la misma, y ya sabemos porqué Pablo había sido consolado, es hasta esta parte del capítulo 7 en que esto se detalla claramente.

Llegado Pablo a Macedonia, las pruebas que estaba experimentando en su ministerio en Asia no habían disminuido. Sin embargo la carga se alivianó, y finalmente Pablo pudo hablar de “regocijarse aun más” con la llegada de Tito, pero no sólo con su llegada, sino también con las noticias que le trajo.

Hoy haremos un rápido repaso por la historia que hay detrás de 2Cor. 7.5-8. Luego pasaremos a ver cuáles eran las circunstancias en que se escribieron estas palabras y cómo hay una enseñanza doctrinal y práctica para nosotros hoy en día.

Cada cristiano, como ministro de Cristo, debe estar experimentando alguna incomodidad en su propia “Macedonia”. Pero igual que Pablo fue consolado por Dios en formas prácticas, el ministro puede recibir este aliciente durante sus tiempos difíciles, para que abunde en regocijo y pueda continuar su marcha.

Además, ¡y qué enorme alegría!, la Biblia nos enseña que el fruto de la corrección bíblica en los verdaderos ministros es la vindicación. Esto nos exhorta a no diluir ni comprometer la verdad, aun cuando por algún tiempo pueda producir contrición en los hermanos, sabiendo que al final se dará la corrección para edificación.

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