En el capítulo anterior Pablo comenzó a defender su ministerio ante los corintios. No por arrogancia o intento de poder desmedido, sino porque falsos maestros estaban poniendo a los corintios en contra de Pablo, dejando en duda su apostolado y autoridad para decir y hacer cosas en medio de los corintios.

Pablo tenía muy claro quién fue el que le dio esta autoridad, y es más, él muy bien sabía que no podía ser arrogante con ello.

Es muy importante como ministros, que entendamos muy bien quien y porque fuimos puestos en el ministerio.

Un ministro no puede ser altivo o abusivo, debe estar al servicio de los demás. Estas características nos pueden ayudar también a determinar si alguien que se dice ministro realmente lo es.

Así mismo, hermanos, lo que vamos a ver hoy, debería de servirnos para poder entender mejor a nuestros ministros; y ser de agrado para el trabajo de ellos. Pues, los verdaderos ministros, con agrado y mucho amor, hacen la labor del ministerio; aun cuando no reciben remuneración de la congregación.

  • v1. La petición de Pablo.
  • v2-5. La razón de Pablo.
  • v6-11. El actuar de Pablo.

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