En 1 Crónicas 22 vemos la Edificación del Templo.

Hasta ahora el Arca estaba en el Tabernáculo (el Tabernáculo movible). Pero en este capítulo vemos a David con el deseo de construir un Templo permanente para traer el Arca. Y este era un deseo que podemos encontrar en David no solamente en este capítulo; David se caracterizó por las buenas intenciones de mantener el Arca en un lugar seguro. También era el varón conforme al corazón de Dios.

El problema es que sus buenas intenciones lo llevaron a actuar o proceder de una manera incorrecta, no conforme a como Dios lo había mandado. Pero en el capítulo 22 de 1 de Crónicas, él decidió someterse a la voluntad de Dios.

Dice el versículo 1:

“Y dijo David: Aquí estará la casa de Jehová Dios, y aquí el altar del holocausto para Israel”. 1Cr. 22.1.

Esto no es algo que se le ocurre a David espontáneamente. En Deuteronomio 12.11 vemos un deseo de parte de Dios de poner “Su habitación” en algún lugar. Y en 1Reyes 8.16, Dios en Su misericordia escoge a David para que él decida el lugar para hacer la Casa De Jehová, el Templo de Dios. Y ese lugar está en Jerusalén.

Desde el capitulo 22 hasta el capítulo 27 de 1 Crónicas, se habla de muchos detalles en cuanto al Templo. Este mensaje se llama: “Edificando La Casa De Dios” y ¿por qué edificando? Porque es una acción que no debemos de parar de hacer. Cada uno de nosotros somos “casa de Dios”, somos “templo del Dios vivo”; y Dios desea que “éste” templo se vaya conformando cada día, más y más a Él.

Entonces aquí en este pasaje vamos a ver específicamente tres puntos.

  1. Pensando en edificar,
  2. Percibiendo la Palabra de Dios (en cuanto al Templo) y
  3. Preparándose para edificar.

Así como David tenía en su corazón el deseo de edificar casa para Dios, en el corazón de cada uno de nosotros debe existir ese mismo deseo. David quería edificar el Templo para que el Arca del Pacto tuviera un lugar fijo; pero como lo dice el versículo 1, David deseaba un altar de holocausto para que cada israelita ofreciera sus sacrificios por el perdón de sus pecados y también para honrar a Dios.

Este mismo corazón que tenía David, es el corazón que cada uno de nosotros debe disponer para Dios. Debemos desear construir un templo de nuestra vida para guardar la comunión con Dios que es lo que el Arca significa. Y también para presentarnos cada día en sacrificio vivo, santo, agradable a nuestro Señor.

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