El 9 de setiembre fue el turno de nuestro hermano Juan José Diaz, quien nos compartió un valioso mensaje basado en 1Corintios 9.24-27.

En estos versículos, Pablo termina sus ilustraciones de cómo en su propia vida ha renunciado a sus propios derechos y a su libertad por el bien de otros. Esto lo ha hecho debido a que había gente en Corinto que estaba criticando o mal informando su trabajo. Por eso escribe en 1Cor. 9.3: “Contra los que me acusan, esta es mi defensa”.

Su defensa se basa en un punto que define muy bien a través de todo el capítulo 8 y 9. Paradójicamente, al aceptar el yugo de Cristo y así ganar su libertad, ahora de forma voluntaria y deliberada se hace esclavo de todos. Dos capítulos antes escribe:

Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. [1Cor. 7.22].

Esta actitud sacrificada de Pablo refleja fielmente el sentir de las palabras de Jesús en Marcos 10.45 cuando dice: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Igualmente Pablo estaba preocupado en servir, su tarea era hacerse esclavo de todos.

La pregunta es: ¿Por qué lo hace, porqué tanto sacrificio, qué gana? Vea, en ese momento, ¡absolutamente nada! ¡Pablo no ganaba nada para él! ¡Pero si para Dios! (1Cor. 9.19-23, énfasis en palabra ganar).

El uso del verbo “ganar” en este contexto obviamente alude a los resultados de su predicación misionera. Y en estos últimos cuatro versículos del capítulo; Pablo no sólo se defiende, sino que nos instruye en cómo lograr crecer en la vida cristiana.

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