Hemos visto en el capítulo 7 algunos conceptos relacionados con el matrimonio. Pablo sugiere a los cristianos el estado de la soltería, a sabiendas que que cada uno tiene su don de Dios y por eso hay algunos que pueden quedarse sin casar porque tienen el don de continencia. Además, el matrimonio cristiano es para toda la vida porque es un cuadro de la relación entre Cristo y la iglesia. Aun en los matrimonios donde uno es un incrédulo, el creyente no debe separarse sino procurar la conversión de su cónyuge, pero algunas veces el incrédulo se va y entonces el creyente queda libre.

Hoy haremos un paréntesis en cuanto a los temas que giran alrededor del matrimonio, para hablar sobre algunas situaciones de vida más generales, en las cuales Pablo nos recuerda que la conversión a Jesucristo no significa un cambio en apariencias exteriores sino en lo interno, en nuestra actitud hacia los mandamientos de Dios.

La idea que desarrollaremos hoy es que debemos estar contentos en el estado que Dios nos llamó. No se trata de un conformismo mediocre, porque si hay oportunidades de mejorar, también debemos procurarlas. Más bien estamos hablando de entender el verdadero significado de la cruz y las implicaciones que tiene para nuestra eternidad, y saber que las cosas de este mundo son temporales y pasajeras. A la luz de lo que Cristo ha hecho por nosotros, ya no hay necesidad de seguir un sistema religioso ni tampoco es primordial poner la mira en las situaciones por las cuales vamos atravesando día a día, pues Dios nos ayuda en todo y tenemos una razón más importante por la cual vivir.

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