Estamos estudiando la doctrina de los dones espirituales, y el en capítulo 13 Pablo nos presenta el elemento que da el equilibrio necesario en la vida práctica con respecto a todo este asunto de las manifestaciones del Espíritu.

Cada uno es necesario en lo que Dios le ha dado para hacer, y sólo trabajando juntos podemos experimentar un crecimiento saludable, sometidos a lo que “la cabeza” (Cristo Jesús) ordena. Para tener esta vitalidad en el Cuerpo se requieren los dones, sin embargo hay algo que es más importante que las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu: el amor.

El peligro que se nos presenta al llegar a este capítulo es abordarlo con prejuicios, por culpa de nuestro propio concepto de lo que es amor. Uno de los errores más comunes que cometen las personas (cristianos y no cristianos) que usan versículos de este capítulo, es presentarlos a la luz de un “amor” sentimental, cargado de emocionalismos superficiales.

Aunque tenemos que examinar brevemente el término que se traduce en este capítulo como “amor”, por el momento y para efectos de destacar el énfasis que Pablo quiere proponer a los corintios, nos vamos a enfocar en la relación entre el amor y los dones espirituales.

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