Examínese a sí mismo para que no sea juzgado.

Habiendo estudiado la semana pasada el pasaje de plena mención de la ordenanza de la Cena del Señor para la iglesia, y habiendo participado de ella con mucho respeto, ahora vamos a revisar con cuidado algunas instrucciones adicionales que refuerzan la dignidad y discernimiento con que debemos llevar a cabo nuestras reuniones.

Los Corintios estaban participando (según ellos pensaban) de la Cena del Señor, pero lo hacían desordenadamente, por su ignorancia y carnalidad. No estaban discerniendo lo que hacían. No se examinaban a sí mismos antes de participar. No meditaban antes, durante, ni después de la ordenanza sobre su significado e implicaciones para la vida cristiana.

El resultado de este comportamiento era juicio de Dios en sus vidas. Algunos habían enfermado, otros estaban débiles y muchos ya habían muerto como consecuencia de su falta de dignidad al tomar el pan y la copa del Señor.

Pero al leer el pasaje de hoy uno se pregunta ¿qué será esto? ¿Habrá algún misticismo en esta ordenanza? ¿Hay algo especial en el pan y el jugo, que si los tomamos estando “contaminados” nos van a enfermar y a matar? ¿Si yo no soy “perfecto”, me va a fulminar un rayo luego de tomar la Cena del Señor? ¿Será que sólo algunos “ungidos especiales” deberían tomar la Cena porque para el cristiano normal esto le podría afectar como si fuera un veneno?

Hoy tenemos que aclarar esto, porque un mal entendimiento de este pasaje podría llevarnos a los extremos de la culpa, el temor, y la negación de la gracia de Dios. Muchos falsos maestros mantienen a la gente atemorizada con amenazas, manipulando sus miedos a través de tergiversar pasajes como este.

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