No procure su propio beneficio, sino el de muchos.

Ya terminamos los tres capítulos relacionados con la doctrina de la libertad en Cristo, pero Pablo para rematar este asunto y abrir las puertas a los temas siguientes 1 nos deja este corto pero complejo versículo, lleno de implicaciones para nuestra vida práctica.

Entre las cosas que acabamos de estudiar vimos que en los que vayamos alcanzando cierto grado de madurez debe existir una facilidad natural para renunciar a nuestros privilegios, por amor a los más débiles y también para ser partícipes en la propagación del evangelio. De esta manera anteponemos gustosos los intereses de los hermanos y de los inconversos, a algún beneficio o libertad personal, sabiendo que lo hacemos para edificación, por la causa del evangelio.

Durante la exposición de estas actitudes que deben ser naturales entre los cristianos maduros, Pablo no dudó en ponerse a sí mismo como ejemplo.

La exhortación para todos nosotros es que no procuremos nuestro propio beneficio, sino el de muchos; que dejemos de lado nuestros privilegios y nos hagamos copartícipes del evangelio.

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