Como discípulos de Cristo Jesús tenemos el deseo de crecer espiritualmente, tenemos el deseo de conocer más de Dios cada día, tenemos el deseo de evangelizar, compartir la fe con otros; tenemos el deseo de enseñar a otros cristianos la Palabra de Dios, a través del Discipulado. Pero, tenemos el deseo de testificar y no lo hacemos, ¿por qué será? La respuesta es que no lo hacemos porque cedemos ante la tentación.

Cuando somos tentamos, ya sea por nuestra propia naturaleza, por la influencia del mundo, del enemigo; y cedemos ante la tentación, como cristianos perdemos de vista nuestra misión de vida. Cuando de repente tengo cosas o personas más importantes que obedecer a nuestro Señor; ya se convirtió en un ídolo.

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