No provoque a celos al Señor, sino huya de la idolatría.

La doctrina de la seguridad eterna es bíblica y debemos enseñarla tal como es: una vez que alguien nace de nuevo, ya es un hijo de Dios y no puede “des-nacer” a la nueva vida que ha recibido (Jn. 5.24; 2Cor. 5.17). Sin embargo algunos ven en esta doctrina un portillo para comer de la mesa del Señor y también de la mesa de los demonios, pensando que pueden tener a Cristo como un seguro para la vida eterna, y seguir disfrutando los placeres de este mundo.

Por supuesto que esto es engañarse a sí mismo, porque para llegar verdaderamente a Cristo se ocupa un arrepentimiento genuino y estar de acuerdo con Dios en que tanto el pecado como el pecador son cosas abominables. La libertad en Cristo no es una licencia para pecar.

Pero no vamos a detenernos ahí. Debemos estar bien seguros que le estamos sirviendo al Verdadero Dios, y exactamente de la manera que Él está esperando. Si nos descuidamos podríamos cruzar esta delgada línea, incluso sin darnos cuenta. Hoy no vamos a hablar sobre asuntos de opinión, sino sobre pecado simple y llano. ¿Hay idolatría en mi vida?

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