Seamos obedientes ante la autoridad final de la Escritura.

Tal como vimos en el estudio resumen del libro, Primera de Corintios nos habla acerca de la “sumisión”. En esta iglesia de los Corintios había una gran cantidad de problemas, algunos relacionados con doctrina, otros con el comportamiento (testimonio). Para ellos, la solución a estos problemas era atender diligentemente las instrucciones que Pablo les envía: la sumisión debe resultar en obediencia para que los errores y los problemas dentro de la iglesia cesen.

En los primeros tres versículos de la carta veremos el remitente, los destinatarios y un saludo. En estos tres elementos encontramos una base sólida de autoridad que Pablo establece desde el principio para justificar las instrucciones que da. Lógicamente, si no hay autoridad, las personas que reciban una corrección no la tomarán en serio, y esto es lo que Pablo comienza a establecer en los primeros versículos: él tiene autoridad para corregir lo deficiente, y los Corintios harán bien en considerar estas instrucciones en obediencia para establecerse en su fe.

Todas las iglesias del mundo tienen problemas, ya sea en pequeña o en gran medida, y la nuestra no es la excepción. Así que estudiar este libro nos sirve para buscar siempre someternos a la corrección de Dios. Debemos empezar entonces reconociendo que hay autoridad en las palabras de Pablo, hay autoridad en la Biblia. Nuestra parte como hijos de Dios, destinatarios de Su Libro, es escudriñar estas correcciones con diligencia y obedecer sin dudar.

[Jesús dijo:] Si me amáis, guardad mis mandamientos. Jn. 14.15.

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